Las líneas que usamos fueron las de clásicas boyitas yo yo pequeñas, o líneas de pequeñas boyas cometa con tramposas en yo-yo, hecho que facilitaba ver bien los piques y, a su vez, que el pez tomara los cebos con confianza. Pese al excelente tamaño de mojarras encarnadas en anzuelitos 3 a 5, y a que probamos en distintas brazoladas, en todo el muelle no salió un peje hasta las 10.30 de la mañana, hecho que marca que el frío intenso también perjudica la pesca aun en estos ámbitos de aguas pasantes.
Pero luego, como si hubiesen dado campana de largada, hubo una excelente racha de pique entre las 10.30 y las 12.30, donde los pejes tomaban decididos, especialmente si reteníamos levemente la línea en su trajín, haciendo elevar las brazoladas. Los pejerreyes comían a 0,25 cm en primera instancia y con mayor temperatura terminaron picando a 15 o 20 cm. Para eso es bueno el yo yo, que permite variar las brazoladas. Como suele ocurrir, el pique se concentró en los metros finales del muelle y dejando derivar la línea al llegar al extremo del mismo. A veces, picaban a unos 15 metros del muelle, en otras ocasiones pescando bien pegado al mismo. El pique es rápido, a veces hundiendo boya y en otras con desplazamientos laterales bien pronunciados. Hay que estar atentos y con panza controlada para poder clavar a tiempo.
En cuanto a tamaños, pejerreyes de 25 a 30 cm. fueron los predominantes, pero hubo excepciones hacia arriba (uno de 37 cm) y hacia abajo. Eso sí, todo el peje lucía muy flaco y bocón. Contabilizamos en las dos horas de buen pique 25 ejemplares extraídos y otros tantos piques errados, tras lo cual hubo un parate de media hora sin capturas. A eso de las 13 decidimos dar por concluida la jornada de pesca y aprovechamos las excelentes y cuidadas instalaciones de la Asociación Argentina de Pesca (que tiene un nuevo cuidador de excelente trato) para hacernos el asado en el quincho cerrado, higienizarnos y volver a Baires para cumplir con nuestros respectivos trabajos.
Esa es la ventaja de un pesquero como éste, muy a mano de los grandes centros urbanos y con accesos inmejorables para armar, aunque más no sea, un medio día de pesca que nos deje bien satisfechos, cambiando el aire y dejando los problemas a un costado al menos por un rato.