En su aniversario 94, recordamos algunos clásicos de un humorista que marcó a fuego a varias generaciones

Un visionario, un tipo capaz de manejar un humor inédito no solo en Argentina. Carlitos Balá llegó primero a todo (y a todos). Como suele suceder, los niños fueron los primeros en disfrutarlo, y comprenderlo, por su condición acrítica y abierta al disfrute. Su estilo combinaba cuestiones abstractas y picardías naif propias de los chicos. Ingenuo y creativo, se encargó de construir el sentido del humor de millones. Y eso no es algo menor.

Pablo Sirvén lo ha definido muy bien: se trata del tipo que anticipó a las muecas de Jim Carrey y Jerry Lee Lewis, pero también fue el primer incomprendido de una generación de humoristas –una contrariedad con los que suelen lidiar los genios-. Para festejar su cumpleaños 94, enumeramos algunos de sus latiguillos que lograron instalarse en la lengua popular y han trascendido generaciones. ¡Un kilo y dos pancitos!

1- Eapepé: Mientras que el muchacho de flequillo inventó el “gestito de idea” como una suerte de “okey”, el ea-pe-pé (o simplemente EAPP) sirve como un llamado de atención que muchos han adoptado y siguen implementando.

2- Sumbudrule: ¿Una burla? Puede ser. ¿Un gestó de disgusto? También. Su gracia sigue radicando en esa condición de ser un gesto casi inclasificable. Carlitos no ganaba nada haciéndole una suerte de araña con sus dedos en la nuca de los partenaires que tenía en sus sketches. Eso sí, generaba muchísimas risas.

Carlitos Balá - el show

3- El Chupetrómetro: Cuando se dedicó exclusivamente al humor infantil -tras brillar en pasos de comedia en parte de su repertorio más memorable como el “portero” o “el hombre de Buenos Aires”-, el humorista le dio un carácter didáctico a sus y él más recordado es sin duda ese empujoncito para abandonar un hábito de la niñez.

4- ¿Qué gusto tiene la sal?: Lo redundante se vuelve ingenioso en boca de Balá. En el caso en cuestión, armó una frase que se grabó a fuego en los argentinos y todavía sigue vigente. Por otra parte, Charly García se encargó de reciclarla en otro clásico: la sal no sale, y el azúcar no endulza.

5- Za za za za: Se adelantó a los centennials en eso de cambiar algunas letras de una palabra para darle su impronta. Y en ese sentido, esta es la más recordada y simple: cambiar la “J” de sus carcajadas por una “Z”. Una risa contagiosa por su imprevisibilidad.

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