Si
bien el empate del sábado en Rafaela significó un paso atrás en las
ambiciones de San Lorenzo de pelear por el título, algo que a principio
del torneo no figuraba en la imaginación ni del más fanático de los
hinchas sanlorencistas, la actual situación por la que está pasando el
equipo azulgrana es valedero destacar nada tiene que ver con la
experiencia vivida el año pasado a esta altura.
Faltando
tres fechas para finalizar el torneo Incial el equipo conducido
entonces por Caruso Lombardi estaba peleando desesperadamente por
mantenerse en la Primera división. Incluso, tuvo que esperar hasta
dirimir la promoción contra Instituto de Córdoba para no perder su lugar
en la principal categoría del fútbol argentino.
Pero
este año, su situación fue más tranquila. Con la seriedad de la nueva
dirigencia, el trabajo de Juan Antonio Pizzi y el compromiso de los
jugadores el Ciclón fue subiendo en la tabla de los promedios superando
obstáculos hasta quedar afuera de la disputa por el descenso mucho
tiempo antes.
Y
una vez cristalizado ese objetivo, San Lorenzo posó la mira en otras
metas. La del campeonato quedó muy lejos pero la de la clasificación a
la Copa Sudamericana (no la juega desde 2009 con Diego Simeone como DT)
está al alcance de la mano y depende de sus propios resultados.
En
la búsqueda de esos puntos, sin quererlo San Lorenzo quedó en el medio
de la definición por mantener la categoría que se disputan entre
Argentinos Juniors e Independiente por ser rival de ambos equipos. Pero
más allá del papel de juez que le toca desempeñar al Ciclón, sus
futbolistas deben jugar con la grandeza que se merece la camiseta que
están defendiendo y en ganar para clasificar a la próxima Sudamericana y
de paso para seguir engrosando el promedio pensando en la próxima
temporada. No queda otra alternativa.
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