El Pelado había recuperado aire luego de dos triunfos pero si pierde ante Boca volverán los cuestionamientos. Pelusa viene sufriendo la reprobación de los hinchas y su continuidad marcha por la cuerda floja.
El superclásico expone y multiplica las felicidades y las tristezas. Nada sigue igual luego de éstos partidos; ni para los jugadores, ni para los hinchas y tampoco para los entrenadores. Los triunfos te dejan con aire y crédito hacia adelante, las derrotas te ponen en zona de bancarrota.

Esta vez son los entrenadores lo que llegan al acontecimiento con las cadenas pesadas de un presente complicado y complejo. Matías Almeyda y con menos resto Julio Cesar Falcioni, desandan los sinuosos caminos del futuro incierto.

Para ellos, la tarde del domingo no será una tarde más en sus carreras profesionales porque el que pierda se despedirá de cualquier chance de título; si le pasa a Boca habrá quemado la última carta para ilusionarse con la continuidad de su entrenador y si le pasa a River regresarán los acuciantes fantasmas que tiran para abajo los números del promedio.

Julio Cesar Falcioni tiene un lastre tremendo con la historia de Juan Román Riquelme y con las finales perdidas en el torneo local y la Libertadores. Si bien le queda contrato hasta diciembre, el humor popular lo puso hace rato más cerca de las valijas de salida. Arrastra en estos días una racha negativa de 4 fechas sin ganar, con sólo 2 puntos sobre 12.

El último domingo si le ganaba al Pincha se metía en la pelea por el título pero empató y el DT se fue entre insultos y mucho enojo. Además en la misma interna del plantel el entrenador tiene voces disonantes que tampoco ayudan en la búsqueda de tiempos de paz. Si bien su continuidad está muy endeble y desde hace rato se habla que le buscan reemplazante, una derrota puede acelerar el final de la historia.

En el banco local, Matías Almeyda venía con más aire luego de dos goleadas que lo sacaron del barro del descenso. Pero perdió con Quilmes cuando nadie lo esperaba y además de sacarlo de la parte alta de la tabla lo hizo retroceder dos casilleros.

Vale recordar que hace menos de un mes luego de la derrota contra Racing, su continuidad estuvo en juego y la gente pidió por la vuelta de Ramón Díaz además de insultar a Passarella. Si bien la gente banca mucho al Pelado a quien le reconocen el calvario del Nacional B, que el equipo pierda con Boca y que encima regresen los tiempos de la calculadora puede ser letal en un club donde la política interna arde.

Juegan River y Boca, juegan mucho Almeyda y Falcioni y por eso se viene un superclásico donde la mira también apuntará al banco de suplentes.



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