Muy cuestionado y hasta vapuleado por el ambiente del fútbol argentino en su última etapa en la Selección, parecía que a Sergio Agüero le iba a costar demasiado volver a reencontrar su fútbol con la camiseta albiceleste. Sin embargo, en el 1-0 ante Rusia se vio que el Kun es una opción sin equivalencias como primer punta. Al gol que conquistó le sumó su versatilidad ofensiva para interpretar la progresión de la jugada con o sin la pelota

Supo decir Daniel Passarella cuando ejercía como entrenador de la Selección argentina entre agosto de 1994 y julio de 1998: “Los periodistas son los únicos invictos, nunca pierden”. ¿A qué se refería el Kaiser? A que los periodistas nunca iban a reconocer que se habían equivocado en algún análisis, en alguna observación muy crítica o muy elogiosa o en alguna información brindada que después la realidad (que no siempre es la única verdad) se encargaba en desmentir.

No se había equivocado Passarella en su comentario confrontativo con la prensa. A los periodistas nos cuesta horrores asumir que la pifiamos. Porque nadie se salva. Todos, un poco más o un poco menos, la pifiamos como lo hace cualquiera en cualquier profesión y en cualquier circunstancia. Y a eso apuntaba con una ironía inclaudicable ese extraordinario jugador, buen técnico y pésimo presidente de un club que fue Passarella cuando hablaba de los “únicos invictos”.

Hay que apelar a la sinceridad más rotunda: en el marco de la Selección, con Sergio Agüero existieron mayoría de juicios de valor lapidarios, planteando de manera directa que ya no tenía ningún futuro con la camiseta argentina. Que su ciclo estaba fatalmente cumplido. Que había que pensar sí o sí en otras opciones para reemplazarlo y acompañar a Messi en el centro del ataque.

Pero no fue así. El Kun Agüero, aún sin brillar, demostró en el 1-0 del último sábado frente a Rusia que su juego y versatilidad para interpretar la función de primer punta no tiene equivalencias entre sus pares del fútbol argentino.

Se lo vio intacto, lúcido y veloz como hacía bastante tiempo no se lo veía en la Selección. Capaz de autogestionarse una maniobra de gol a favor de su manejo y desequilibrio y de meter pelotas profundas y precisas para sus compañeros que llegaban desde atrás.

No es que descubramos ahora las calidades técnicas estupendas que siempre reveló Agüero desde que debutó en la Primera de Independiente el 5 de junio de 2003 ante San Lorenzo. Pero este reencuentro y reivindicación en la Selección llegó en un momento oportuno, después de los más variados cuestionamientos que recibió luego del Mundial en Brasil y de las Copas América de 2015 y 2016. Cuestionamientos muy razonables algunos de ellos. Y otros, mucho más próximos al show vulgar y bizarro que a la palabra más o menos inteligente y fundamentada.

Sin producir contra Rusia una actuación de alto vuelo, Agüero dejó en claro que a los 29 años (los cumplió el 2 de junio) continúa siendo un protagonista demasiado valioso como para que la Selección no lo considere.

Porque él encierra las facetas de un punta que sabe hacer todo bien o muy bien. Ese perfil de atacante que entra y sale del área con naturalidad para irse al gol o para descargar con precisión y malicia futbolística una pelota al pie o al espacio, no es una característica muy extendida. Por el contrario; es una virtud muy poco frecuente que lo convirtió en uno de los delanteros más eficaces y más completos del mundo.

Este Agüero filoso y potente que reapareció contra Rusia, sin dudas, es el Agüero que la Selección y el entrenador Jorge Sampaoli necesitan. Esto por supuesto no significa que por 90 minutos bien construidos ya se ganó la titularidad y que va a ser el primer delantero de Argentina en el Mundial.

Pero las señales evidentes que dejó después de un período de sombras, nadie las va a subestimar. Messi, tampoco.