En su niñez en Villa Tranquila era uno de los más buscados para los picaditos "tuve una infancia humilde con grandes amigos, esos de barrio que tienen códigos. Y jugábamos en canchitas como la de Pelo y la de Coca. Como sabían que estaba en Independiente por ahí una patadita se le escapaba. Pero me gustaba que me pegaran porque me sentí fuerte. Después cuando entrené con la primera fue Tula el que me pegó primero, ja, ja derecho de piso. Pero me levanté rápido, no me gusta estar tirado y sé que no soy menos que nadie". El como el Rolfi, Battión y otros me aconsejan mucho.
No todo fue color de rosa en su carrera y por eso señaló "sabía que no tenía que bajar los brazos y siempre darle para adelante. Siempre hay piedras en el camino. Cuando comencé no jugaba y tenía ganas de dejar. Tuve un gran técnico en inferiores como Berscé y gracias a él pude jugar. Incluso me afectó la separación de mis padres pero siempre tuve palabras de familiares que me aliviaron y me hicieron saber que nada estaba perdido. Hoy le agradezco al Tolo por la oportunidad y se que vamos a luchar pero sin dejar de mirar la tabla de promedios, no somos locos".