Fue en la temporada 87-88 cuando el equipo de Carlos Timoteo Griguol le ganó al del Toto Lorenzo 3 a 2. El Negro Palma metió el gol de la victoria, pero en el final Comas mandó un penal a la tribuna. Pura emoción.

Cinco goles, dos penales errados (uno de ellos, sobre la hora), un cambio abrupto en el marcador y miles de emociones. Todo eso dejó el clásico para el infarto que el River de Carlos Timoteo Griguol le ganó 3-2 al Boca de Juan Carlos Lorenzo en la temporada 87-88.

El relato cronológico de lo sucedido ese 3 de noviembre de 1987 incluye un comienzo negativo para River, que a los 3 minutos de juego despilfarró un penal en los pies de Omar Palma.

Y entre el final del primer tiempo y el tramo inicial de la segunda parte, la gente de Boca siguió sonriendo en la cancha de su eterno rival gracias a dos goles de Jorge Rinaldi que parecían sentenciar el partido. Había carnaval azul y oro en las tribunas del Monumental y una mezcla de bronca y desazón en las almas millonarias.

Boca sólo necesitaba ordenarse y cuidar inteligentemente la ventaja ante un adversario herido, confundido y envuelto en ansiedad, cuyos hinchas habían encontrado un argumento perfecto para volcar sus cuestionamientos hacia Griguol. En realidad, nunca había existido buena relación entre la gente de River y el entrenador, pero la derrota parcial en ese encuentro tan especial armaba un escenario perfecto para que la impaciencia creciera. Sin embargo, las cosas cambiaron en poco tiempo...

El descuento anotado por Jorge “Polilla” Da Silva (el mayor de los hermanos) fue clave para que River creyera que la resurrección era posible y para que Boca no se sintiera tan cómodo.

Tres minutos después, “Carucha” Corti -de cabeza, igual que el uruguayo- clavó el empate cuando quedaba todavía casi media hora por delante, entonces River fue por más y logró el desequilibrio a poco del final con un gol de Palma, quien así se tomaba revancha y pasaba de villano a héroe. ¿Listo, asunto concluido? No.

A la catarata de emociones le faltaba algo más: una pelota que da en la mano de Jorge Gordillo, la decisión inapelable de Juan Carlos Loustau sancionando penal y Jorge Comas frente a Nery Pumpido desde los doce pasos. Cuando el árbitro hizo la aclaración de que la ejecución sería la última acción del partido, los corazones aceleraron sus latidos. Había dos opciones: que River atesorara un triunfo muy trabajado y adornado por el coraje, o que el empate -por concretarse sobre la hora y en el Monumental- le dejara un mejor sabor a Boca.

Comitas quiso asegurar su zurdazo apuntando a un ángulo, pero el remate se le fue por arriba y quedó de rodillas en el área, masticando la tristeza, mientras los rivales salían disparados, con Pumpido a la cabeza, y se abrazaban celebrando un triunfo memorable. El final de aquel torneo no fue el que esperaban. River ocupó el cuarto lugar, lejos del campeón, Newell´s, en tanto que Boca terminó duodécimo al cabo de una floja campaña. Pero pese a no cumplir con las metas deseadas, los protagonistas del superclásico le hicieron honor a la rica historia del choque y le dejaron una huella imborrable al campeonato.

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