No hay dos Weich: uno en la tele, otro en la vida. Julián es así: como siente, conduce; como sueña, expresa; como prefiere, vive. Por eso
está desencantado con el fútbol profesional - "me gusta más jugarlo que estar metido en el ambiente"-, no entiende la violencia, la falta de respeto, el descuido por lo esencial que es el espíritu lúdico que debe observar todo hecho deportivo.
Anda dolido Julián con el fútbol, o mejor dicho, con todas las capas de oscuro barniz que recubre su noble madera; porque a no engañarse, Julián lleva el potrero en el alma, Julián es de los picaditos con amigos. Le encanta el fulbito, el gol amateur, el esfuerzo compartido... Jugó mil partiditos, con las camisetas de todas las producciones de sus programas.