El 1 de octubre es el día de Santa Teresa del Niño Jesús, una joven que murió a los 24 años pero que dejaría uno de los legados de amor más excepcionales para la Iglesia y el mundo.

"Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra", decía Santa Teresa del Niño Jesús o también conocida como Santa Teresa de Lisieux, cuya fiesta se celebra cada 01 de octubre. Pese a haber sido toda su vida una monja de clausura, es la patrona de las misiones.

Fue proclamada Doctora de la Iglesia por San Juan Pablo II, quien el 19 de octubre de 1997 dijo:

“Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz es la más joven de los ‘Doctores de la Iglesia’, pero su ardiente itinerario espiritual manifiesta tal madurez, y las intuiciones de fe expresadas en sus escritos son tan vastas y profundas, que le merecen un lugar entre los grandes maestros del espíritu”.

Su vocación

Santa Teresa nació en Alençon, Francia el 2 de enero de 1873, fruto del matrimonio entre Luis Martín y Celia Guérin, quienes también fueron canonizados por la Iglesia y cuya fiesta se celebra el 12 de julio.

La niña era la menor de los 9 hijos pero el destino de sus hermanos fue trágico: cuatro de ellos fallecieron pronto y sobrevivieron 5 niñas.

A medida que crecieron, sus hermanas se unieron a la Iglesia y Santa Teresa, a los 9 años, también sintió una gran inquietud por el camino de la fe. Por eso, cuando cumplió catorce, expresó que quería convertirse en monja y un año después pidió entrar al convento con el permiso de su padre, pero las monjas y el obispo opinaron que debía esperar.

Meses más tarde, viajó a Roma para hacer una peregrinación por el jubileo sacerdotal del Papa León XIII. Cuando fue a recibir la bendición del Papa, aprovechó ese momento tan especial para pedirle su bendición para entrar en el convento. El Papa entonces le respondió que sí eso era la voluntad de Dios, así sería.

Su acción en la Iglesia

Ese mismo año Santa Teresa volvió a aplicar para el Convento y logró ingresar con sólo 15 años al monasterio de las Carmelitas Descalzas de Lisieux, donde cumplía con todas las reglas y oraba con un inmenso fervor por los sacerdotes y los misioneros.

Pasaron los años y cuando cumplió veinte, la hermana Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias pero ese mismo año se enfermó de tuberculosis.

Los próximos meses, después de este diagnóstico, serían los más duros de su vida. Por dos años enteros padeció la enfermedad y fue un período en el que no sólo sentía un gran sufrimiento corporal, sino que también su fe fue puesta a prueba constantemente.

Falleció el 30 de Septiembre de ese año, pero incluso con una corta vida, su trabajo en la Iglesia fue innegable. Por eso, fue beatificada en 1923 y canonizada en 1925.

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