Un insistente golpe de puerta nos despierta. Pienso que nos quedamos dormidos, luego que se está derrumbando la villa y hay que evacuar, pero después escucho ese acento inglés tan particular que le pide a Luis su credencial. El 4 de la selección no puede hablar de lo dormido que está, parece que se hubiera comido un kilo de arena a mitad de la noche. Como lo describe en su tweet, me pregunta si en caso de declararse culpable nos dejarían dormir un par de horas más, yo que tampoco entiendo nada, sonrío y escucho la bizarra conversación que incluyo una pregunta muy picante e incisiva: “me puedo lavar los dientes?”. Ante semejante pregunta, este buen hombre toma su handy y empieza a preguntar a su superior si, de hecho, podia o no. No se si echarlos, reirme, ignorarlos o que, pero doy media vuelta e intento dormirme otro rato mientras nuestro amigo se va con paso lento y doloroso rumbo al laboratorio mientras repite una y otra vez “Que mala leche”.