Sin embargo, estaba bajando. Por eso la de flote la armé con boyas tipo topolino y con yo-yo tramposas de 15 mm, para facilitar por un lado mi visual y por otro que el pescado llevase con confianza. No le erré: el primer tiro me dio un soberbio matungo que midió 45 cm, que picó en una brazolada de 15 cm lastrada con plomito jaf.
Luego tuve un par de capturas menores de pejerreyes en la de flote, mientras que la de fondo siguió entregándome alternativamente especies de cuero como bagres y soberbios patíes. Por desgracia la jornada se me hizo corta pues empezó a crecer nuevamente y el arroyo Medrano, con su carga de aguas pluviales y mucha basura, empezó a tirar aguas negras al sector de nuestra pesca, por lo cual decidí levantar campamento.
En conclusión, vale la pena tener muy en cuenta este pesquero que en plena Capital Federal y justo al límite con Provincia no sólo nos ofrece un ámbito seguro y bien parquizado, sino también un excelente pesquero que, a veces, nos salva las papas del fuego. Vaya y disfrute.