En su carácter de historiador, el autor investigó los misterios que -desde hace siglos- resguarda el mítico puente del sur de Francia.
En su carácter de historiador, el autor investigó los misterios que -desde hace siglos- resguarda el mítico puente del sur de Francia.
El puente de Avignon, también conocido como el Pont St-Bénézet, es un puente de la época medieval que se encuentra sobre el río Ródano y que, en sus primeros tiempos, cruzaba desde la ciudad de Avignon hasta Villeneuve- lès-Avignon, en el sur de Francia.
Sí, sólo el nombre nos recuerda esa canción de la infancia: “en el Puente de Avignon todos cantan, todos bailan...” Pero, ¿cuál es la historia de este puente que adquirió fama mundial a través de aquella canción tan pegadiza a nuestros oídos? El asunto comienza hace siglos… y el lugar tiene sus enigmas de los que poco o nada se comenta. Mi viaje al lugar, así como la posibilidad de recorrerlo de manera minuciosa, me permitió comprobar que esos enigmas existen.
Comencemos recordando que fue un joven pastor, llamado San Bénezet, quien llegó a Avignon en el año1177, diciendo que Dios le había pedido especialmente que se construyera allí un puente sobre el río, en Avignon. Y así lo hizo, contra la opinión de todos, que no daban crédito a sus palabras y no creían que podría hacerlo.
El puente en un principio cruzaba el río Ródano entre Avignon y Villeneuve-lès- Avignon. Fue construido entre 1171 y 1185, con una longitud original de unos 900 metros. Sobre las pilastras de piedra de un puente romano se tendió primero un puente de madera, que fue destruido en el año 1226 por el asedio francés durante lo que fue conocido como la cruzada albigense.
Dicho sea aquí de paso, entre los secretos que el puente sigue atesorando se encuentran signos, símbolos y señales dejados tanto por los Caballeros Cruzados (fueron guerreros cristianos de Europa Occidental que participaron en las Cruzadas entre los siglos XI y XIII: tomaron su nombre de la cruz cosida en sus ropas como símbolo de su voto religioso para recuperar Tierra Santa) como por los Caballeros Templarios (la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, fundada entre 1118 y 1119).
En la minuciosa visita que realicé, unos años atrás, pude comprobar –lupa en mano– que todavía hoy pueden verse algunos de estos signos -debajo del arco del puente, en el sitio a dónde ni turistas ni viajeros llegan– tales como la específica cruz templaria; la misma que llevaban las velas de los barcos de Cristóbal Colón y un escudo de armas que exhibe gran desgaste por las inclemencias del clima así como otras claras señales templarias. Hay que tener en cuenta que estas marcas y señales fueron hechas con tal eficiencia que pude observarlas 700 años después. ¡Sorprendente!
Posteriormente el famoso puente fue reconstruido varias veces; pero en piedra, padeciendo numerosos derrumbes durante las crecidas del río. Pasaban los siglos, se iba haciendo cada vez más peligroso el cruce conforme los arcos se derrumbaban y eran reemplazados por secciones en madera desvencijadas. Como primero fue de madera obviamente se rompió y hubo que reconstruirlo varias veces.
Al final, después de una fuerte crecida del río Ródano, en 1660, el puente quedó en las condiciones que presenta actualmente, fuera de uso, pues la inundación se llevó gran parte de la estructura. En la actualidad sólo permanecen en pie 4 de sus 22 arcos originales. En una de las pilastras originales se levanta la capilla románica, llamada de San Bénézet o de San Nicolás; el primer nombre obedece a que es el lugar en que se enterró el cuerpo de San Bénezet; el segundo a que estaba dedicada a San Nicolás, patrón de los marineros del Ródano.
La canción popular del puente de Avignon data del siglo XVI, titulada “Sus le Pont d’Avignon” (“Bajo el Puente de Avignon”). Hace referencia a los bailes que se organizaban debajo del puente, en la antigua isla Barthelasse. Se trata de una canción infantil que se hizo popular a lo largo de los años. Contribuye a hacer del puente de Avignon uno de los más famosos de los puentes del mundo. Sitio ineludible para todo turista y curioso que pasa por aquellas zonas.
Claro que, la enorme mayoría, desconocerá siempre que fue un lugar elegido para ciertas ceremonias y rituales de los cuales, como yo puede comprobarlo, todavía hoy quedan vestigios.
Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, parapsicólogo, filósofo, historiador y escritor. “Masonería en la Argentina: enigma, secreto y política”, es uno de sus recientes libros. www.antoniolasheras.com