27 de junio 2014 - 13:42
Historias para guardar en la memoria
Cuando se ha acabado la fase de grupos, las vivencias de amontonan tanto como los kilómetros recorridos entre Curitiba, Río de Janeiro, San Pablo, Belo Horizonte, Porto Alegre. El matancero echa mano al esfuerzo para cubrir esas enormes distancias brasileñas, en donde va recolectando momentos para contar.

Un momento inigualable. 'El Maracaná es imponente. Y escuchar a la hinchada argentina y al himno, ni te cuento. Debo confesar que ese primer día, en la previa de Argentina-Bosnia, lagrimeé dos veces. Cuando hablé con mi familia y les mostré el estadio y dónde estaba vía skype. Y cuando salí al aire por primera vez por la radio de la universidad de La Matanza. Es más, haber tenido la chance de relatar (a escondidas) unos 10 minutos de partido fue para mí una sensación inigualable", cuenta Gastón Domínguez.

El pecho inflado. "Ver las ciudades brasileñas repletas de argentinos te hace sentir orgulloso. Obviamente, el sentido de pertenencia se hace más fuerte en el desarraigo. Pero el Mundial tiene esas cosas. Desde el grupito que se vino en casa rodante hasta el que vende fernet en la playa para recuperar un mango. Es el sueño de todos. Y poder estar acá, trabajando, es un privilegio", sostiene el periodista de la Unlam.

Movimiento. "Hay que ir contra de algunos preconceptos. Cuando venís a un Mundial a trabajar, ves menos fútbol que si estuvieras en tu casa. Tenés que viajar mucho, estás a full escribiendo o saliendo para la radio. Y, por supuesto, no podés quedarte todo el día en el centro de prensa o en el hotel porque no tendrías qué contar", explica.

Río hace la diferencia. "En Brasil, salvo en Río, pareciera que no hay tanto clima de Mundial. Río es como el epicentro. Ahí ves a hinchas de todos los países. En cambio, a medida que te vas moviendo por las otras ciudades, éstas se van poblando con aquellos que están siguiendo a su selección. No hay la mezcla de nacionalidades que encontrás en Río", apunta.

Críticas
No todo lo que brilla es oro. "Los estadios, cuando se ven por la tele, están fenómenos. Pero todavía tienen muchas falencias. En el Maracaná, por ejemplo, los chilenos (Chile-España) pudieron evitar un vallado y entraron como quisieron al centro de prensa. En San Pablo, hay telas que cubren todas las estructuras tubulares de los trabajos que no se llegaron a terminar y hasta falló el ascensor. El Mineirao pareció un poquito más acorde. Y además, es el que tiene mejor vista desde la zona de prensa", describe.