“Me acuerdo señaló- que para cuando tenía que jurar la bandera papá me decía que llegado el momento levantara mi brazo izquierdo y cerrara el puño, lo que generó la reacción de toda la familia que no había entendido que era una humorada”.
Pero también tiene grabada en la memoria el día en que previo a una elección y teniendo presentes las desventuras políticas de su padre, le dijo a Pugliese “mirá si voy a votar a los que siempre te meten en cana; voto a los comunistas y listo”.
“El legado de mi Viejo es ése: sus convicciones y su coherencia”, destacó, y por esa razón, aseveró, “es cierto, soy la hija de Osvaldo Pugliese, un grande, pero yo lo sigo extrañando como padre”.
El mismo amor expresa Beba para con su madre, “Chola” Ruffino, pilar de esa familia feliz, sencilla y unida que arrancaba el día a las 9 de la mañana con Pugliese tocando las escalas de música clásica para después pasar al ensayo tanguero.
Hoy Beba, además de realizar giras y presentaciones también enseña perfeccionamiento de piano, rubro en el que se formó con maestros de la talla de Pedro Rubione, Berta Sujovolsky y Vicente Scaramuzza.
Un libro en clave de sol
En 1978 hizo su primera presentación junto a su padre y a partir de allí se dedicó al tango y formó una orquesta con la que actuó en todo el país e hizo giras por América, Europa y dos veces a Japón. Si algo le faltaba a Beba era el rol de escritora, que completó cuando escribió hace dos años el libro “Osvaldo Pugliese. Testimonio de una vida”, donde presenta a su padre tal como era.
Para Beba hay temas de su padre que “me pueden”, asegura, como Recuerdos, Mal de Amores o Mala Junta porque “en esos temas lo siento al Viejo”. Y aunque sigue hablando vivaz y alegre, mentalmente vuelve al piano, atraída por esa magia que le nace desde el alma, como ese otro gran clásico de su ilustre padre que también la conmueve.