ver más
21 de marzo 2015 - 23:57
A Mario no le preocupa gastar zapatos por cantar tangos
De adolescente desplegó un vínculo inseparable con la música ciudadana que le hizo ganar elogios y lo mantiene, como afirma orgulloso "en carrera", en una actividad que asocia al oficio de reparar calzados.

Preocupado por el mal trance que atraviesa su esposa, Mario Bianco proyecta sus expectativas a la que será su próxima actuación como cantor de tangos a mitad de abril en un restaurante de Villa Martelli, sin descuidar la tarea en su pequeño negocio de reparación de calzados ubicado en la calle Cetrángolo, en esa misma localidad.

La vocación tanguera y el oficio de zapatero marcaron la senda que ha transitado en los últimos 60 años de los 74 que lleva vividos entre el contacto cotidiano con clientes y los aplausos ganados a toda voz en tanguerías, concursos y presentaciones, ámbitos en los que su alma suele regular al ritmo del dos por cuatro.

Educado en la cultura del trabajo impuesta por su padre, a los 14 empezó a recorrer uno de los dos caminos que nunca abandonó cuando ingresó a una fábrica se zapatos a medida para, dos años después, poner primera en el plano musical en el Club La Escuelita, de Munro.

"Yo tenía formación porque estudié en el conservatorio de Eladio Blanco donde uno de los profesores que se llamaba Carletto, me decía que por mis condiciones daba más para el canto lírico que para el tango", apuntó Mario a HISTORIAS DE VIDA.

Justamente Blanco lo estimuló para que cantara tangos y hasta le propuso que usara su apellido ya que para las presentaciones que empezó a hacer en 1961, "Bianco -aportó Mario- sonaba demasiado italiano" aunque recuperó su identidad real cuando participó en el '72 en un concurso del mítico Grandes Valores del Tango.

"Siempre quise ser profesional en lo que me gustaba, pero mi padre quería que tuviera un trabajo estable, señaló. Fue también por una sugerencia paterna que en 1966 perdió la posibilidad de ir a una gira a Japón organizada por Florindo Sassone que le hubiera significado un muy buen ingreso y un mejor posicionamiento en el mercado tanguero.

En el otro sendero Mario dio un paso grande de la fábrica de calzado en la que hizo terminaciones para zapatos de Lolita Torres, Isabel Sarli, Pinky y Nélida Lobato, entre otras, para intentar con su propia empresa del mismo rubro montada en La Tablada, pero que tuvo que cerrar por un mal negocio con una compañía exportadora que nunca le pagó la producción que le había adquirido.

Su voz, un caño

Durante cinco años llevó el pan a su casa trabajando como metalúrgico a lo que le añadía las entradas por sus actuaciones, hasta que en 1974, en la misma casa en que nació, instaló el local de reparación de calzados, oficio del que conoce un rato largo.

El tango, salvo un período entre 1982 y 2001, no se alejó del centro de su vida al punto que asegura "todavía estoy en carrera" como cuando llegaba de cantar, se sacaba el smoking, dormía unas pocas horas y salía a bordo del colectivo 41 para ir a la fábrica en la que empezó. "Arriba del colectivo -relató- completaba el sueño y los colectiveros solían despertarme a la altura de la calle Pasco".

Mario asegura que sus caballitos de batalla en el escenario son Canzoneta y Gricel, pero es ineludible asociar su historia con el tango Qué me van a hablar de Amor, de Homero Expósito y Héctor Stamponi, por más que no comparta el tramo de la letra que dice que en la 'vida se gastan los zapatos andando de rodillas'. Para Bianco,obviamente, un imposible por partida doble