Para 1995, forzado por los robos, tuvo que bajar para siempre la persiana de la farmacia y si bien mantuvo ocho años más el local reconvertido entonces en una despensa, los rigores de una hipoteca insalvable agravados por la desquiciada suba del dólar lo voltearon de nuevo.
Hombre de palabraPero le quedó una propiedad de Avellaneda que comparte con Marta, de la cual está separado de hecho, y en la que ocupa un monoambiente con ventana a la calle, ante la cual se ubica la mesa en la que prepara los testimonios como predicador de la palabra de Dios.
"Me gusta dar un buen testimonio de mi Padre espiritual y de hecho soy muy querido por mis hermanos espirituales" con los que se reúne en la congregación de los Testigos de Jehová de Avellaneda.
Aquello que no resuelve la ventana de su hábitat lo traslada al Parque Domínico del que es un asiduo concurrente desde hace más de 30 años, pero hoy afincado en el centro de jubilados del lugar donde saca chapa de eximio jugador de bochas y dominó.
Cultor de los buenos modales, Salvador recurre a cuanto recurso expresivo tenga a mano para narrar lo que ha sufrido pero haciendo hincapié en que ese padecimiento no le resta felicidad al balance de su vida. Por eso, conciente que su 'frágil vaso de cristal', como metaforiza a su corazón, se puede quebrar, dio instrucciones para que cuando llegue el día sus cenizas sean esparcidas en el Riachuelo. Así, considera, no solo estará con Dios sino también muy cerca de La Boca.