Nació en Munro y tampoco hay un costado hereditario que lo llevara a abrazar la especialidad. De hecho su madre era peluquera y el papá tenía taxis en Martínez. Tampoco los estudios fueron en línea a ese horizonte porque se recibió en un colegio técnico de José León Suárez. Sin embargo, un ofrecimiento de un primo suyo que hacía un mes había empezado a trabajar en una cochería, le abrió un camino impensado.
Tiempo muerto
"¿Te animás?" fue la pregunta que le hizo Daniel, su primo. Y ahí arrancó. "Tenía 18 años y la verdad que empecé a establecer diferencias respecto a que la persona fallecida que estaba en un ataúd era un muerto, pero cuando estaba sobre la camilla, se convertía en un cuerpo en el cual podía trabajar", puntualizó. El período de adaptación apenas le demandó una semana.
Los primos Carunchio fueron por entonces los primeros en hacer tanatopraxia en el país, algo instalado en Estados Unidos, Colombia y Guatemala desde hacía muchos años. En su caso, se formó con un especialista guatemalteco hasta obtener el título de tanatopráctico y trabajó mucho tiempo junto a Alfredo Péculo, a quien define como "un innovador" en servicios mortuorios y que fue el primero en traer al país una máquina para embalsamar.
Los llamados a cualquier hora para avisarle que una nueva tanatopraxia lo espera, ya es parte de una realidad cotidiana que galvaniza a diario su experiencia. "Tantos tratamientos equivalen a las horas de vuelo de un piloto", expresó el profesional que prepara al que se va para que sufran menos los que quedan en tierra.