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09 de septiembre 2012 - 00:01
Alberto, el prolífico poeta urbano de todas las ferias
De grande, y forzado por las dificultades económicas, este jubilado que fue sodero, futbolista y director técnico, encontró en la poesía personalizada una herramienta para subsistir con originalidad y simpatía.
Alberto Florindo Martínez se dio cuenta hace 14 años, cuando tenía 55 y la situación económica se le ponía cuesta arriba, que su capacidad para hacer versos, rimas y poesías era una posibilidad concreta para escaparle a la crisis. Y así fue que a las distintas ocupaciones ejercidas hasta entonces como las de sodero, jugador de fútbol amateur, operario de una fábrica de cocinas y calefones, empleado de correo y director técnico de equipos de la liga de San Rafael, en Mendoza, le añadió la de poeta urbano, especialidad con la que recorre ferias populares de la ciudad, el Conurbano y el interior.

El don que lo bendijo le permite no sólo crear las poesías que vende impresas a cinco pesos la unidad, sino también tenerlas grabadas en su memoria prodigiosa, y si algo necesitaba para lanzarse a esa actividad que le permite robustecer en parte sus ingresos jubilatorios, era una ladera a medida como lo es su esposa Stella, quien le aporta orden y claridad administrativa a la explosión creativa que late en Alberto.

En rigor fue su hijo Patricio quien le propuso, allá en tiempos de vacas flacas, contemplar la poesía personalizada como herramienta para ganarse la vida para lo cual, en todo el tiempo transcurrido desde aquella decisión, 3.000 poesías que crecen a diario constituyen el capital del poeta urbano nacido hace 69 años en el Bajo Belgrano, muy cerca de la cancha de Excursionistas, equipo que lleva en su corazón.

“Hice muchas cosas en la vida, hace 45 años que estoy casado con la misma mujer y no tengo tatuajes” aclaró a modo de presentación ante HISTORIAS DE VIDA, para adentrarse en la vuelta a los recuerdos revivificados con fotos blanco y negro, telegramas, cartas, recortes y folios atesorando las poesías separadas por los temas con que les da orden. Es que este poeta urbano le escribe versos al queso, la cacerola, el chorizo y la tabla de asado, por ejemplo, a las profesiones -la del sepulturero incluida- , a los amores y los nombres que constituyen uno de los productos que más salida tienen en los stands que monta en las diferentes ferias a las que se traslada en su utilitaria a la que con Stella bautizó el “poemóvil”.

Rimas y leyendas

Como centro half, es decir una suerte de cinco actual con posibilidades de marcar las puntas, Alberto pasó por las inferiores de Huracán, Argentinos Juniors y Atlanta antes de recalar en El Porvenir, de San Rafael, cuadro que le pagó en 1962 una prima de 20 mil pesos y un sueldo que triplicaba el que percibía en la fábrica Bulldog. A su retiro a los 28 años se hizo entrenador y también ingresó al correo de San Rafael, del que tiene recuerdos entrañables al igual que de su amigo Nerio Guillermini, un maquinista jubilado del teatro Colón también con pasado futbolístico.

“Siempre escribí poesías, por lo que cuando me quedé sin trabajo siendo ya grande se convirtió en una posibilidad” que lo llevó, precisó, primero a la feria de la terminal Retiro donde aprendió que el negocio estaba en hacer poesía con los nombres y más tarde a las de Costanera Sur, Temperley, puente de la Cultura -en Olivos-, la de Mataderos y en los últimos tiempos a la organizada por la Municipalidad de La Matanza, en plaza San Justo.

Fiestas populares en Coronel Dorrego, Baradero y Mercedes también lo han tenido presente con sus versos que no obtienen rebajas pero que sí regala, con filosofía campechana, cuando percibe que la emoción nubla la mirada del comprador que encuentra en su stand el nombre de quien ya no está.

“Es que no sos vos, soy yo”


Alberto tuvo vínculo con famosos a los que cruzó en algún momento de su vida. Del recientemente fallecido preparador físico Adolfo Mogilevsky, recuerda el día que llegó para jugar en la tercera de Atlanta, en 1962, y el “profe” lo recibió de una manera singular. El entrenador “Nano” Gandulla los estaba presentando y cuando Alberto le extendió la mano, Mogilevsky le aplicó un golpe de puño en el estómago como sorpresivo recurso para comprobar sus abdominales.

Una foto de colores desteñidos a 35 años de haber sido sacada, muestra a Alberto, con uniforme del correo, en la mesa de los “Almuerzos de Mirtha Legrand” donde la producción del programa lo había convocado por su condición de cartero y poeta.

Por su relación con la poesía popular, Martínez tiene presente las críticas que recibía en los inicios de su actividad con los versos y rimas de un prócer de ese rubro, Héctor Gagliardi, quien le cuestionaba que no respetaba la métrica de su estilo. Su repuesta fue como su poesía, fresca y original: “Héctor, pero si hago eso en lugar de ser yo voy a ser vos”.

Chicas de la noche en la tarde de Mataderos

De las muchas anécdotas que suma la actividad a la intemperie que Alberto y Stella en las ferias vendiendo poesía urbana, la de tres mujeres que se acercaron al stand de para interiorizarse en las creaciones del poeta, las de tres mujeres atractivas que se encontraban paseando por Mataderos quedaron grabadas para el matrimonio.

Al ofrecerle a las visitantes las poesías apuntadas por tema y nombre en libros y las copias, a su vez, guardadas en voluminosos folios que trasladan al lugar en su utilitaria, las mujeres no parecían decidirse por ninguna. Fue entonces que Stella les preguntó si acaso podía interesarles una poesía referida a las profesiones que ejercían.

“Las tres trabajamos de los mismo” respondió una, a lo que otra de las integrantes del trío le agregó “no creo que haya una poesía para nuestra actividad”. Alberto y Stella estaban en la pista pero esperaran que fueran ellas las que lo certificaran: “nosotras trabajamos de noche”, puntualizó la más locuaz del grupo.

La memoria prodigiosa de Alberto ubicó rápidamente la poesía “Romance lunar”, dedicada a las prostitutas, que en su última estrofa dice: “Cómplices del primer gozo/ de aquel bautismo de fuego/ con este anhelo me llego/ ¡oh! mariposas de estrellas/ un poeta escribió de ellas/ la noche de ternura plena/ si Cristo desde la Cruz/ ¡la bendijo a Magdalena!”. Y obviamente compraron el poema.