Mingo y Aníbal, que nada tenían que ver con la mítica pareja cómica conformada por Juan Carlos Altavista y Juan Carlos Calabró, fueron dos amigos entrañables que le enseñaron, afirmó, "los códigos del barrio, a ser generoso y no robar y que encima, en las tardes de fútbol y trompadas en algún campito, también copaban la parada si era necesario".
Cuando tenía 10 años fue por primera vez a ver un partido de Almirante Brown, cuya cancha se levanta cerca de lo que era su casa. La magia aurinegra lo sedujo para siempre al punto que sueña y sufre por ver jugar al Brown en Primera División.
Por la propina
Ese sueño tuvo otro en paralelo, el de ser cantante folklórico, el cual despuntó más de una vez mientras trabajaba por la propina en el ACA de Flores, cuando estuvo en una metalúrgica en Villa Luro, durante su experiencia en el Banco Rioja y en los años que manejó un puesto en La Salada. Hasta que la oportunidad tocó a su puerta.
Argañaraz se animó, buscó un espacio y así fue como llegó a ser jinglero, a trabajar con Pepito Cibrián y a hilvanar una cadena de logros en festivales que lo fueron consagrando como Baradero 2004 y el Pre Cosquín del año siguiente.
"Después de ganar Baradero, en casi diez años de carrera, grabé cinco discos", indicó, e hizo referencia a su primer video clip 'Hay Palabras' realizado por el Instituto de Medios de Comunicación de la Universidad Nacional de La Matanza.
Este último miércoles, entre otros recuerdos que Argañaraz tiene a flor de memoria, la reunión con sus socios giró sobre la sucesión de festivales en los que actuará este verano. Mientras brindaban por el trabajo, Argañaraz cerró los ojos y convirtió en deseo su pensamiento en voz alta: "Si la vida siempre me da algo para celebrar, ¿cómo un día no vamos a festejar un ascenso de Brown a Primera?".