Frente a ese cambio, Sandra confiesa "muchas veces pienso si mi donante acaso no ha sido una deportista que me llenó de pila", concepto que honra desde lo profundo el maravilloso gesto de donar órganos ".
Esa es también una de las razones que la llevan a preocuparse por casos como el de Renzo, al que menciona con inocultable sentimiento, o a enfatizar que "en Argentina hay siete mil pacientes que están esperando un trasplante de riñón".
Aquella intervención realizada en el Hospital Austral le puso fin a 13 meses de diálisis peritoneal que cuatro veces al día se hacía ella misma en su habitación de su casa en Beccar y le enseñó a cuidar el transplante, sobre todo cuando un hongo enquistado en un punto de la herida, casi echa por tierra la conjunción de ciencia y sacrificio.
Por segunda
Pero volvió a triunfar por más que la nueva herida reabierta todos los días para revisar con profundos isopados si el hongo había sido eliminado, terminara cerrando en lo que los términos médicos definen por segunda, con el recurso de mucha azúcar vertido sobre la lesión.
"Siempre dije menos mal que esto me pasara a mí y no a otros seres queridos porque creo estar mejor preparada espiritualmente para soportar estas cosas. Realmente -añadió- me da pánico que algo les suceda a mis hermanos o mis hijos".
"Varias veces afiné el arpa", ironizó Sandra, feliz que la vida le haya dado la oportunidad de disfrutar de su nieta Juana, de once meses, aportada por su hija Martina.
Activa y plena, Sandra no pierde la chance de abogar por la importancia de la donación de órganos y cuando toca ese tema sus ojos verdes se vuelven a encender. Es que la invade una intensa necesidad de agradecer la bendición de besar a su nieta. En su caso, una nueva victoria.