De a poco, entre trabajo y trabajo, Benítez fue incrementando su producción y ya de joven ganó la confianza necesaria para presentarse en distintos concursos de los cuales, en uno de ellos celebrado en Vicente López, obtuvo el primer premio inaugural de lo que sería una larga serie de distinciones.
Con el paso de los años varias de sus poesías terminaron acompañando almanaques y afiches que se comercializan en quioscos y que suele rubricar con el legado de un chico que vendía estampitas en un tren que corría de Moreno a Once.
"Yo había hecho unas tarjetas con poesías para el Día de la Madre y las llevaba al centro cuando el chiquito que repartía estampitas -rememoró- me preguntó que era lo que traía conmigo. Le regalé una y el pibe -precisó- leyó la poesía y me dijo 'usted es el poeta de los humildes'".
El camino de la inspiración
Las creaciones de Benítez incluyen tres recitados sobre la muertes de Perón y Eva Duarte, que denotan el marcado perfil político que lo define, y que sueña interpretar a lo grande en La Matanza acompañado por algunos de sus diez nietos.
Mientras tanto, preocupado porque dos de sus tres hijos están hoy sin empleo, Raúl destina sus noches a cuidar el garaje de Lisandro de la Torre y Ramón Falcón. Allí, absorbido por las ocupaciones de esa changa que mantiene desde hace once años, espera cada madrugada para a la vuelta a su casa de Castillo, ver desde el colectivo qué aspecto de la realidad puede convertir en poesía.