Claro, pesó sobre sus espaldas la autoría de algunas deposiciones en canteros y oficinas en las que circunstancialmente quedó encerrado algún que otro feriado largo.
Cuando el viernes el portal de noticias 24 CON publicó una nota que contaba que Bolón había sido desalojado por molestar, a partir de allí y del boca en boca en los pasillos de la universidad, el perfil de Facebook El Gato de la UnLAM recibió centenares de visitas, muchas de las cuales testimoniaban rechazo a la medida.
Cuando todo indicaba que el gato iba a dar con sus huesos a algún baldío tal la orden impartida de una autoridad que debía ejecutar personal de seguridad, Valeria, una ex alumna y ahora empleada de UnLAM, que junto a sus compañeras le venía dando asilo a Bolón en la oficina del Centro de Opinión, tomó la decisión de adoptarlo para, así, rescatarlo de lo sería sin duda un final triste y solitario que no merecía.
El gato de todos
La decisión fue celebrada en el "face" y entre quienes se habían preocupado por la suerte de Bolón, incluso graduados que lo conocieron allá por 2002 cuando el gato recalaba en el viejo bufete universitario. En los recuerdos de todos están la terrible sarna que lo afectó en 2005, los aportes económicos de autoridades de la UnLAM para comida y veterinarios, y tantas tardes al sol junto a los alumnos en los bancos del gran corredor de la universidad.
Ahora en Laferrere su memoria gatuna concentra imágenes fuertes del que fue hasta el viernes un mundo repleto de afecto. Como el de Valeria, por ejemplo, que le extendió el salvoconducto para que Bolón encare ya más solo y contemplativo los caminos de su séptima vida.