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15 de marzo 2015 - 00:30
Carlos, el artista de la parrilla que se forjó en 27 mil asados
En el rubro que se destaca comenzó como autodidacta junto a su padre para convertirse, con el tiempo, en maestro del arte que domina frente a las brasas, el cual le valió reconocimiento internacional.
Carlos domina como nadie los secretos de la parrilla, especialidad a la que define como un arte. Sin embargo, rechaza el reconocimiento de los comensales que le tributan el consabido y generoso aplauso para el asador tras saborear los bocados de su producción, ya sea a punto o jugosa, por considerar a aquella una respuesta estereotipada.

"Los aplausos destinados al asador realmente no me gustan porque de verdad no los siento como algo real, sino como una modalidad instalada" afirmó a HISTORIAS DE VIDA Carlos López, de 57 años, 37 de los cuales los ha transitado en comunión con brasas, chorizos, achuras, vacíos y costillares un exitoso camino que lo llevó a convertirse en un auténtico maestro de la parrilla.

Como habrá sido ese desarrollo que no sólo le dio brillo y continuidad a la que en sus inicios fue una pequeña parrilla que montó junto a su padre, Checho, en el mismo lugar donde hoy funciona su local gastronómico en Ramallo al 1700, a metros de Avenida Libertador, sino que allí con el tiempo afirmó las bases de la Escuela Argentina de Parrilleros (EAP) donde ejerce docencia para alumnos con formación gastronómica procedentes de distintos puntos del planeta.

"La escuela tiene que funcionar en el lugar que corresponda y para eso, nada mejor que la parrilla donde en los últimos 37 años, dos veces al día he prendido el fuego" apuntó Carlos, sin imaginar que ese ejercicio, multiplicado con el paso del tiempo, seguramente lo pondrá de cara a un récord difícil de empardar.

Para Carlos, la clave de un buen asado reside "en el dominio total de la temperatura" y el sustento para el inicio del desafío parrillero, que emprendió unas 27 mil veces desde que empezó la fusión con las parrillas, "es iniciar el fuego con un pedazo de pan duro impregnado con alcohol".

Todos los fuegos, el fuego

La formación de Carlos en la parrilla también le dio trascendencia internacional en un evento sobre barbacoas celebrado en China y en rigor, cuando tenía 20 años y su padre lo invitó a probar suerte en un nuevo rubro comercial, muy lejos estaba de imaginar la puerta que se le abría.

Por ese tiempo Carlos, también conocido hoy por el apodo de Pati que le impuso su hermana mayor cuando era un chico, tenía una tapicería que marchaba a paso firme, al punto que trabajaba con un volumen superior a las 300 sillas por día.

"Un día, en el '76, vino mi papá que tenía un vivero y me propuso abrir un parrilla en el mismo lugar en el que hoy funciona y que era la casa que mis abuelos paternos tenían desde 1911, donde -destacó- empezamos a trabajar con unas pocas mesas atendiendo a los empleados de la zona", el barrio Rivadavia, al que Carlos se encarga de diferenciar del de Núñez.

En ese sentido, uno de los detalles que adjunta a su curriculum este maestro de parrilleros es haber sido un autodidacta que aprendió "todos los días, tal como pasa en este rubro en una cocina de un restaurante o un hotel, siempre viendo a los maestros".

Esa es la filosofía que impone en su escuela a la que asisten chefs del país y otras latitudes que aprenden los fundamentos de la parrilla criolla de manos de un experimentado maestro al que no le gusta que a su capacidad la premien con aplauso pero a quien más de un cliente, después de saborear un bife de chorizo al estilo Carlos, le propuso besarle las manos.


Monzón en familia y Maradona sin marca personal


La parrilla de Checho fue el nombre que heredó el local que Carlos y su padre abrieron en la casa de los abuelos y que con el correr del tiempo fue una ganando fama impulsada por el boca en boca.

López recordó en ese sentido que uno de los clientes que terminó siendo habitué de la parrilla fue el ex campeón mundial de boxeo, Carlos Monzón .

"La primera vez que vino fue por 1978, junto a un grupo de amigos. Le gustó y siguió viniendo por muchos años, al punto que venía a almorzar o cenar con su familia", apuntó.

Monzón, relató Carlos, se sentía a gusto en la parrilla al punto que trabó una sólida amistad con Checho. "Acá vino con sus hijos más grandes y hasta con Alicia (Muñiz), pero por sus comentarios, también llegaron Carlos Rimoldi Fraga, Perla Caron y Juan Alberto Mateyko".

Diego Armando Maradona, que pedía mucho delivery cuando vivía a pocas cuadras del lugar, encontraba en la parrilla "el único lugar que podía comer en la barra sin que lo molestara nadie".

Otros famosos que con el tiempo se hicieron clientes del restaurante fueron la ex gloria xeneize Antonio Ubaldo Rattín, Moria Casán -que iba cuando estaba embarazada de su hija Sofía Gala-, Piero Debenedictis, el genial Norberto Pappo Napolitano, Ricky Maravilla y decenas de jugadores de fútbol.