S i es martes o jueves, Miguel Sandoval disfruta de un modo diferente la última vuelta del colectivo de la Línea 96 que puso en marcha unas ocho horas antes, a las 4.30 de la madrugada. Sabe que el estrés por el tránsito imposible, las máquinas sacaboletos y algún que otro pasajero quejoso van a entrar en su pasado ni bien llegue al Club Argentino de Castelar, se calce el atuendo blanco de esgrimista y pise firme la pedana para el primero de varios lances que tiene proyectados en la especialidad espada.
Para Miguel, de 40 años, no hay cansancio que valga cuando se trata de hacer su actividad preferida, el esgrima, a la que incluso prioriza en el armado de sus horarios de cursada en la Universidad Nacional de La Matanza, donde sigue la carrera de Comunicación Social tras un desembarco previo hace varios años en Ingeniería Electrónica que no fructificó porque en su empleo en una fábrica de camas las extensas horas de trabajo, eran inversamente proporcionales a lo que ganaba.
"Para mí el esgrima, visto como hecho deportivo y social, es mi lugar en el mudo" precisó Miguel a HISTORIAS DE VIDA. Como será, que en los seis años que practica el deporte sobran los dedos de una mano para contabilizar las veces que faltó a la cita. "Y solo por casos de fuerza mayor", aclaró para que no queden dudas que tirar sobre la pedana es algo que lo subyuga.
Aunque empezó de grande, los vínculos con los lances con espadas vienen de hace tiempo porque "siempre me gustó ese deporte y la ropa, la máscara y el arma que en él se usan. Además, ¿quien de mi generación no se entusiasmó algún día con la serie El Zorro?", se preguntó entre risas.
Sin embargo, fue postergando la decisión de meterse en la actividad hasta que un día Gabriela, la madre de sus hijos y de la que hoy está separado aunque lo une una excelente relación, pensó que aquello que tanto le gustaba a Miguel podía ser la clave para bajarle el estrés causado por tantas horas diarias de arriba del colectivo.
"Estaba en el colectivo en México y Combate de los Pozos cuando me entró un mensaje de texto en el que Gabriela me decía: 'El martes tenés la primera clase'", recordó
De allí en más el idilio fue cada día más sólido a partir de las horas en la pedana del Club Argentino de Castelar y los torneos en los que fue participando.
Con la espada y la palabra
Lejos de los lances, Miguel no solo le pone el cuerpo a su trabajo como colectivero sino a su carrera universitaria, que a veces le come horas al descanso sobre todo cuando termina de cursar cerca de las once de la noche. Así, a pesar que no anduvo bien en el segundo cuatrimestre, pudo probarse a sí mismo que era capaz de redactar las crónicas que le exigían sus profesores de Gráfica en el último turno de la noche.
Ese logro se suma a los reconocimientos que los rivales le expresan al esgrimista que empezó ya adulto para sacarse la tensión del trabajo. Por eso cuando espera el inicio de cada vuelta en las cabeceras de la línea, se recrea pensando en las posiciones que ejecutará en los lances del martes y jueves.
Mientras tanto, en sintonía con los movimientos que aprendió de chico frente a la pantalla del televisor.