Pero si algo ha logrado Torti en sus 47 años ha sido ajustar sus desvelos por la temática OVNI centrada en el sujeto con sus actividades como terapeuta psicológico y counselor, funciones para las cuales desarrolla la capacidad de saber escuchar a la gente, sobre todo a la que atraviesa momentos difíciles. Justamente ese fue uno de los acicates que tuvo en cuenta para formarse en otra especialidad, la psicooncología, la carrera que terminó junto cuando su padre sucumbía justamente a causa de un cáncer. “Es cierto que no la ejerzo con frecuencia pero -subrayó- me atrae la posibilidad ayudar a los que que quieren luchar contra la adversidad rescatando la luz interior que llevan dentro.”
Con la mente abierta
“Entiendo que todo profesional de la salud mental sabe que en todos existe una luz interior”, apuntó, y es por ese convencimiento, que, dijo, “no solo creo que siempre hay esperanza sino que la esperanza es algo que el hombre necesita tener imperiosamente”. A su modo de ver, algo que conspira contra esa necesidad es “la explotación que muchas veces los medios hacen de situaciones y perfiles que no son los ejemplares, como si la buena noticia careciera de todo sentido”.
Algo que lo preocupa “es la tendencia al individualismo” imperante por estos días “que da lugar a una gran alienación porque, lamentablemente, se perdió la capacidad de abrir la mente” y de allí que considere importante el mirar más hacia dentro de cada uno. En su caso, además de la actividad intelectual que despliega, Torti incluye una dinámica que le permite templar cuerpo y espíritu a través del arte marcial. En su caso es el wu shu, que entre otros beneficios le aportó profundidad de observación y tolerancia.
Y es en su casa de Moreno, cerca de su familia, donde a diario Torti abre su mente sin dejar de mirar al cielo, seguro como está que la búsqueda permanente de sí mismo que inició cuando solo tenía 13 años continúa allí arriba.