ver más
14 de septiembre 2014 - 00:30
Con su raqueta, Jorge le hace partido a la adversidad
De chico sufrió un accidente que lo privó de la vista, lo que no significó un impedimento para criar dos hijos, trabajar 30 años como empleado público hasta jubilarse y dedicarse a los deportes adaptados

El cálido aplauso de los profesores premia la devolución perfecta hacia el otro lado de la red consumada por Jorge Planes, quien disfruta sonriente el esfuerzo de haber corrido hacia el punto exacto donde el sonido de cascabel de la pelota amarilla, más grande y liviana que las que se usan habitualmente en el tenis, anticipaba el lugar del pique.

Jorge, de 58 años pero que desde los 6 es no vidente, les pega o les erra indistintamente a otros lanzamientos de su eventual contrincante, sin perder nunca la satisfacción generada por la actividad que despliega como un participante más del Programa Tenis para Ciegos de Argentina en el Club Burgalés, en Primera Junta.

"Por mi condición, siempre estuve ligado al deporte adaptado. Cuando me enteré del tenis para ciegos vine y que pasó, ¡un día le pegué a la pelota!, algo que parecía imposible" narró Planes con vivacidad a HISTORIAS DE VIDA.

Del episodio que le significó la pérdida de la visión, prefiere no hablar demasiado. Solo rememora que fue "un accidente familiar" producido cuando "explotó el motor de un tractor" en el campo en que habitaba con su familia, en Laprida, provincia de Buenos Aires.

"La ceguera fue traumática para mis padres que eran gente de baja instrucción y no supieron que hacer conmigo", señaló antes de dar paso a su experiencia de casi seis años lejos de su casa y la familia como interno del instituto Hellen Keller, de Córdoba, una institución especializada en la formación de chicos ciegos.

El Keller no fue el único centro especializado que recorrió para cargarse de herramientas que le permitieran afrontar la vida, las que puso en juego cuando comenzó a trabajar en la regional del Ministerio de Trabajo de Trenque Lauquen, donde se jubiló al cabo de treinta años de carrera.

Ciego, como la Justicia

Planes se casó y tuvo dos hijos, aunque desde hace bastante tiempo está separado. "Tras la separación -puntualizó- los chicos que por entonces tenían 9 y 8 años quisieron quedarse conmigo pero tuve que entablar una lucha tremenda con la justicia para demostrar que aun siendo ciego podía atenderlos y darles de comer, como finalmente ocurrió pero tras un forcejeo intenso por la tenencia de los chicos".

Ahora Fernando y Nahuel tienen 28 y 26 años respectivamente y siguen residiendo en Trenque Lauquen, pero desde hace un tiempo, aprovechando su condición de jubilado, Jorge prefirió habitar en la Ciudad de Buenos Aires, cerca del club donde desarrolla su actividad deportiva.

"La discriminación no es solo lo que se escucha por televisión porque es fuerte y subterránea. De hecho en mi caso -apuntó- algunos cuestionaban como un varón ciego iba a alimentar a sus hijos". Pero la justicia, ciega como Jorge, supo interpretarlo y le dio la derecha.

Además del tenis, Jorge disfruta de sus amigos y de las comidas que prepara amparado en su rol de buen cocinero. "Todo hace a que viva feliz y me dé todos los gustos", sostuvo.

Antes de trotar hacia la cancha para disputar otro partido, Planes afirma que "soy jovato y laburante, así que jugaré hasta que me den las piernas. Esto lo hago por placer y no para competir, porque yo ya no voy a ser campeón de nada". Sin embargo, da toda la sensación que Jorge se equivoca porque hace rato que accedió a esa categoría.