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06 de septiembre 2015 - 00:10
Cuando canta, Ponce le pone las mejores pilchas al tango
Por sus venas fluye música porteña, la que viene honrando desde su niñez en Bahía Blanca, a la que la añadió una postura sobria devenida de su capacidad como vendedor de grandes sastrerías.

Raúl Ponce tiene otra virtud tan valiosa como la de sentir el tango y saber cómo vender ropa masculina: la de reponerse a cada adversidad que lo ha golpeado pero que prefiere ver enterradas en lo profundo de su memoria, aunque el chispazo de esos recuerdos le anuden la garganta y le humedezcan con frecuencia la mirada.

Los 77 años que lleva transitados desde que llegó al mundo en un hogar tanguero de Bahía Blanca, permitirían inspirar la letra descarnada de un tango sobre su historia como reflejo de un luchador que jamás abandonó sus sueños.

Hijo único, sus padres Tomás y Teresa eran habitués de las milongas a las que lo llevaban de niño, cuando ningún otro familiar podía hacerse cargo del nene ante la esperada velada sabatina. En ese ambiente, Raúl incorporó tango por su poros y ya a los 9 años empezó a demostrar condiciones artísticas en dos troupes infantiles: La Pandilla Bahiense y La Pandilla Radial.

La adolescencia también la cursó a ritmo de dos por cuatro pero bajo la atenta mirada del padre que cuando empezó a cantar en los piringundines le decía que si terminaba el espectáculo en el que actuaba a las 3, a las 3 y media debía estar en la casa.



"La bohemia de mi viejo pesó mucho para que el tango me invadiera" confesó Raúl a HISTORIAS DE VIDA en un café de Independencia y Entre Ríos, inundado de magia gardeliana. Pero no fue aquel vínculo con la estirpe tanguera el único que Ponce tuvo para destacarse.

"Después de haber trabajado como cadete para una farmacia de Bahía Blanca, me tomaron en una un gran tienda que llegó a la ciudad. De allí en más me hice vendedor de ropa masculina rubro en el que pasé por grandes marcas de la época" puntualizó.


El balance de ese trabajo como empleado de comercio lo fue mechando con sus presentaciones como cantor que tuvieron una convocatoria para sumarse a la orquesta de Ariel Pedernera, con quien trabajó once años e hizo innumerables giras por todo el país.

También supo pasar por Radio El Mundo, a principios de los años 60 donde debutó con la orquesta de Emilio Orlando hasta que decidió independizarse tras recibir una propuesta de Jorge Valdez para ir a cantar al cabaret El Trece, de Río Gallegos.

"A partir de allí me hice solista y la verdad que trabajé muy bien porque menos en Formosa, anduve por toda la Argentina" apuntó Raúl, quien después de dos matrimonios en los que tuvo tres hijos, actualmente está en pareja desde hace veinte años con Diana Lagarde, también cantante de tangos.


Todos los cabarets, todos

Si de algo se jacta es que cantó en todos los cabarets del país donde hizo carne su repertorio de 174 temas de los cuales su preferido es "Bailemos", de Pascual Mamonne y Reinaldo Yiso, e inmortalizado por Alberto Morán.

"Esto de vivir con el tango es una lucha y lo digo con autoridad" , aseveró quien ahora hace presentaciones en milongas, restaurantes y fiestas privadas con el plus que le impone su experiencia como vendedor de grandes sastrerías y se suma a su voz firme.

"Mi postura de vendedor la llevo al escenario donde canto y animo ante un público en esencia tanguero", afirmó justo cuando la llamada que entra a su celular activa el ringtone de otro de sus tangos preferidos, "Bahía Blanca", de Carlos Di Sarli. Y no atiende enseguida para disfrutar y emocionarse con algunos segundos de esa creación


Con el destino marcado de chico



Para los que aseveran que todo el mundo tiene su destino marcado, lo que le ocurrió a Raúl cuando tenía 9 años es otra de las confirmaciones de ese aserto.

"Estábamos con mis padres en una varieté donde cantaba Roberto Artigas. Mi papá me hizo cantar a mí y al escucharme, Artigas se le acercó y le dijo: "Este te sale cantante de tangos". En línea con aquel vaticinio de Artigas, otro grande del tango a quien Ponce admiró mucho, Enzo Valentino, cuando lo escuchó cantar a Raúl ya era grande, lo definió como "un genuino cantante bahiense".

Ponce usa como marca promocional para sus actuaciones aquel reconocimiento de Valentino de quien tomó una de sus humoradas. Cuando firma un autógrafo le sugiere a quien se lo pide que no vaya a vender ese papel rubricado. La respuesta instintiva es "no, claro que no lo voy a vender". Entonces Ponce remata: "mejor, porque no se lo va a comprar nadie".