"Para mí fue terrible porque no podía creer lo que me había sucedido y cada vez que me miraba al espejo, le preguntaba a Dios porqué me había tocado a mí atravesar esa situación, si yo no era una mala persona", apuntó.
La pérdida de autoestima lo recluyó en la soledad y no hubo amigo, mujer o médico que lograra sacarlo de la amargura en la que estaba sumido tras haber visto perder en un suspiro la estampa con la que hacía diferencia en los bailes y las incursiones nocturnas en las que era tendencia quedarse siempre con la más linda.
"A mí me gustaba la milonga, el baile, las chicas y salir de noche", confesó quien decidió dejar atrás su proyecto de boxeador para el que se forjó entre los 19 y los 16 años como amateur en el club Justo Suárez.
Más atrás todavía estaba su infancia en el seno de una familia muy pobre en Villa Urquiza, donde sus padres, sus cuatro hermanos, él y un tío canillita compartían en la misma pieza pobreza, necesidades y cenas con pan y mate cocido.
Volvió una noche
El trabajo del padre y los cinco hijos -todos varones- mejoró algo la situación económica de la familia y la variada sucesión de empleos le fue dando el resto para una juventud dominada en su caso por la bohemia.
Eso también forma parte de los recuerdos que vuelca en sus poemas escritos en los bares, como el revivir social tras aceptar su condición de calvo cuando se quitó la gorra de lana que se cubría para ir a trabajar y volvió a la noche.
Tras quince años alejado de la actividad, asumió su apariencia y aprovechando que por ese entonces un cantante beat que exponía la calvicie como look había instalado un hit en el mercado de la música, se hizo pasar por él para sacar alguna ventaja cerca de la barra. "¿No me conocés? Soy Heleno, el cantante, le decía a las chicas que me creían y con las que salía hasta cuando podía mantener la historia", destacó Eduardo que con los años vio aplacado su perfil de 'atorrante'.
"Aprendí a aceptar lo que me toca" señaló quien para sus poemas busca inspirarse en lo vivido y lo que ve pasar a través de los ventanales del bar elegido."Lo que escribo es lo único que le voy a dejar a mis nietos, porque plata no tengo", aclaró Eduardo como cierre antes de enfrascarse con las musas que lo animan en una nueva ronda de café.