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30 de septiembre 2012 - 00:01
El cuaderno de Viviana Rivero aún concreta los sueños
Una escritora cordobesa plasma en exitosas novelas de corte histórico y romántico la pasión literaria heredada de su padre, a la que empezó a abrazar siendo apenas una niña cuando anotaba aquello que anhelaba.
E l viejo cuaderno que Viviana Rivero utilizaba de niña para proyectar aquellas cosas que anhelaba ver concretadas, logró plasmar una vez más su efecto mágico. Es que la cuarta novela de su autoría acaba de salir a la venta en procura de tener el mismo destino exitoso de las anteriores.

Pero el lanzamiento de “Lo que no se dice”, tal el título de la nueva novela publicada por Emecé, también la moviliza al reencuentro con su padre, Adrián Rivero, tan escritor como su hija y que aunque murió el año pasado, dejó encendida en Viviana la misma pasión literaria que ejerció durante años en el sótano de su negocio en Córdoba capital.

“Mi papá no escribía con un perfil comercial sino que apuntaba a temas más sociales que compartía con otros amigos con los que se reunía en el sótano de su ferretería”, relató Viviana a HISTORIAS DE VIDA en un alto de su reciente visita a Buenos Aires para promocionar su último trabajo.

A propósito de su estilo, la propuesta literaria de la escritora ajusta hitos y circunstancias que en algún momento ha desplegado: sin ir más lejos la ambientación histórica de sus obras y la presencia de la mujer, son marcas de una manera vívida de abordar sus novelas.

La escritora cordobesa, de 46 años, casada y madre de dos hijos adolescentes, heredó durante el tiempo que ofició como abogada del fuero tributario el ejercicio de bucear en la documentación como la emplea para dar ambiente geográfico, temporal y psicológico a sus narraciones.

Madera de mujer

“Me gusta consultar mucho en torno a las fuentes históricas e ir a los lugares donde ambiento las novelas para así impregnarme de impresiones”, señaló.

Convencida que todos los libros constituyen un desafío, los textos de Rivero tienen lo que la propia escritora define como “alma”, es decir que contenga un mensaje que impacte sobre el lector, “muchas veces -sostuvo- busco que ese hallazgo se dé entre líneas, como algo no hablado pero que surge del argumento”.

El ángulo de la mujer también subyace en el recorrido literario de Viviana, en función que como corresponde al perfil romántico de sus novelas, los personajes femeninos cobran entidad y dimensión, quizás como emergente de otro hito singular en la vida de la novelista.

Durante la dura crisis socioeconómica del 2000 a Viviana, que todavía estaba lejos de comprar proyección con las novelas, le surgió la posibilidad de dar charlas para mujeres afectadas por la coyuntura.

Surgió así la organización de grupos de autoliderazgo en Córdoba para mujeres que debían afrontar con situaciones complicadas producto del quebranto de sus maridos.

“Esa actividad nació informalmente pero después se mantuvo y continuaron impulsados por otras compañeras” sintetizó, para referir a que el criterio de acción aplicado apuntaba “a que la mujer que atravesaba una situación complicada, entendiera de qué madera estaba hecha para afrontar la dificultad”.

La actividad comercial de su marido la llevó a ocuparse del comercio internacional, por lo que residió un tiempo en Alemania, y de a poco empezó a acercarse a la que hoy es la actividad que la completa y estimula: escribir novelas.

Y es aquí donde recobra sentido aquella referencia al cuaderno que Viviana usaba de chica para escribir en sus hojas todo aquello que esperaba ver concretado. En rigor, y tras haber consumido ya varias unidades, la práctica sigue vigente con apuntes sobre sueños, ideas e imágenes que piden espacio en una próxima novela