"También fui viajante vendiendo productos de los mayoristas del Once", recordó, por lo que decidió combinar su gusto musical, su facilidad para las ventas y el haber tomado conciencia que se estaba quedando sin discos. La resultante del mix fue el nacimiento de Abraxas, a la que convirtió en una típica disquería de autor.
"No era lo mismo Montevideo que Buenos Aires. Por aquellos años acá era más rockero y en Uruguay los intérpretes populares estaban más politizados", remarcó Pau, de 55 años, divorciado y padre de dos hijos. Según señaló, abrir una ventana al mercado musical internacional podía llegar a significar por estas tierras allá a fines de los setenta que "de la izquierda te catalogaran como un colonialista cultural y desde la derecha, como un posible drogadicto, agitador social e inducidor de malas costumbres e ideologías seguramente peligrosas".
Pau, lado A
"Más allá de todo, la disquería "tuvo sus momentos", sostuvo, en general asociados a los distintos períodos que atravesó en su vida.
Tras rechazar la idea que su negocio sea el último bastión del vinilo en Buenos Aires porque existen, apuntó, otras disquerías de autor de muy buen nivel, Pau aseveró que hoy existe "una vuelta al disco, claro que no va a ser como hace 25 años, pero sí hay una respuesta a la desmaterialización de la música".
En ese sentido, rescató a los cultores que buscan "un soporte más tangible y noble" que "conforman un grupo reducido", aunque especificó se alejó de la discusión de vinilo versus compact "porque es bizantina". Sin embargo, los últimos dos clientes que entraron al local promediando la entrevista, preguntaron por discos de vinilo, lo que para Pau suena a buena música que gira sobre una bandeja con el pick up levantado y emparentada con los lados A y B de su vida.