“En el pueblo es la única banda de rock y es un medio para poder llegar a los jóvenes”, apuntó Tartaglia a HISTORIAS DE VIDA.
“Misionar es estar presente y para eso hay que moverse en todas estas distancias” explicó el sacerdote que desplegó su tarea pastoral en Ingeniero Jacobacci, Río Chico, Pilca Niyeu, Ñorquinco y el pequeño pueblo en el cual reside en la casa parroquial.
Con toda la fe
Formado en el seminario de Villa Devoto y ordenado sacerdote en 1990, Tartaglia aseguró que “hay que prestarle mucha atención a lo intercultural y lo interreligioso y, por sobre todo, ser respetuoso, tener la fe fresca y la cabeza abierta”.
Pero el cura rockero también tiene otro elemento a mano para estar cerca de la gente: desde 2004 es enfermero profesional lo que le permite desempeñarse como agente sanitario”.
“Ese rol a través de la salud posibilita conocer lo bueno y lo malo de cada familia”, remarcó, para hacer hincapié en un problema serio que golpea en la zona que es el alcoholismo que el año pasado tuvo otro aliado nocivo: las cenizas del volcán Puyehue.
El trabajo de las cooperativas de mapuches se vio resentido por el impacto volcánico y para colmo Comallo, el pueblo de 1.800 habitantes, sufrió un alud de barro que tapó que tapó los campos.
Hubo que salir adelante y la palabra del padre Gustavo tuvo buena acogida en función que es uno de los pocos blancos de la zona que suele participar de las festividades religiosas en honor a Futa Chao, al que consideran su Dios.
Y en ese medio, aquel seminarista que destinó sus primeras vacaciones a misionar en la zona donde terminó afincado, brega para que familias de poca base católica, sin rosarios ni procesiones, entiendan el mensaje espiritual surgido en la despojadas capillas asentadas en las que fueron sus dominios.