Es que Rossi no la tiene fácil por esas cosas del destino que en su caso, como confesó a HISTORIAS DE VIDA, tiene que ver con "no haber sabido venderme como artista aunque de verdad, eso nunca me interesó demasiado.
Para colmo, añade que "innumerables quebrantos de salud" lo afectan como una retinosis pigmentaria, la misma enfermedad padecida por Jorge Luis Borges, que hace que vea la vida "como a través del caño de una escopeta".
Este ex seminarista nacido en Azul que se alejó de los hábitos cuando se sintió más cerca de las debilidades de la carne, ya no tiene vesícula ni glándula tiroides, pero sí hipertrofia de miocardio y aneurisma de aorta que lo llevan a constantes controles en la clínica Adventista donde, según el macabro elogio que lanza entre carcajadas, "te atienden tan bien que es como si te fueras a morir".
Cerca de la conserjería
Pero Rossi, también poeta y autor del libro 'Memorias en Tangos y Canciones', extiende su bohemia a la condición de solitario que lo define desde que se separó de su mujer. allá en Azul y que no revirtió aún luego de haberse reencontrado tras varios años de distancia con sus hijos Luis y Carlos.
"Desde hace 20 años vivo en un hotel de la calle Larralde al 2900, en el barrio de Saavedra, en un cuarto situado al lado de la conserjería y a metros del bar La Pedrera" donde, señaló, habitualmente cierra su jornada a la vuelta del subte.
Cerca de allí, en otro mítico bar, el San Quintín, Rossi trabó vinculo con Goyeneche y se animó a escribir la letra del tango "Ciudadano de Saavedra", hoy atesorada en un cuadrito en el living de la casa donde vivió el Polaco.
Ese recuerdo es uno más de los tantos que Rossi teje en su memoria, que incluyen cuando debió dormir en los subtes, o su exitoso paso como encumbrado empleado de CAP en Tierra del Fuego.
En todo caso la vida de Rossi es una suerte de tango como los que canta a la gorra en la estación Pueyrredón donde tantos transeúntes que lo aplauden sienten mientras buscan sus monedas, que lo están descubriendo.