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09 de junio 2012 - 23:58
En el Cabildo, Marta recobra el barrio de la Revolución
En el emblemático edificio donde empezó a consolidarse la Patria hace 202 años, esta docente y comunicadora social por excelencia encontró un lugar de privilegio para extraer los detalles ocultos del pasado.
El trabajo de Marta Alsina puede resultar envidiable para cualquier cultor de la historia argentina,
en especial de la relacionada con el grito emancipador de 1810. De hecho, su o cina está instalada en el Cabildo de Buenos Aires, donde ejerce como responsable de la actividad cultural
del hito histórico enclavado en Monserrat, el barrio que fue cuna de la Revolución de mayo.

Marta, maestra egresada del Lenguas Vivas y posteriormente egresada como licenciada en Ciencia de la Información y de la Opinión Pública en la Universidad del Museo Social, recaló
hace diez años por esas singulares jugadas del destino en el el que ahora es su lugar, sin imaginarse por entonces el vínculo que iba a establecer con la historia sobre la que también tanto
profundizó durante su formación docente.

Es que además de las tareas que cumple en el Cabildo, Marta -de 64 años, casada, madre de tres hijos y feliz abuela- es la presidente la Junta Histórica de Monserrat y miembro activa de la denominada Comunidad Monserrat, en donde escarba el pasado del barrio que es uno de los ocho primeros que se formaron en la Buenos Aires del Virreinato.

“Soy consciente que no trabajo en un lugar común y eso hace que tenga un compromiso más profundo con lo que hago”, explicó a HISTORIAS DE VIDA, mientras sintetiza todas las mejoras
que han convertido al del Cabildo en un museo moderno y dinámico.

“La historia es viva y siempre hay otra mirada” a rma Marta sobre lo que es su pasión y que por estos días la lleva a estar abocada al armado del plano de Monserrat de 1810, con la
nalidad de darle forma a un circuito marcado con placas como los que existen en ciudades europeas para favorecer los desplazamientos de los turistas.

Sin embargo el propósito de esa iniciativa no es solo el encuadre turístico sino “lograr que la gente empiece a sentir que está en Monserrat, barrio dueño de una historia riquísima enraizadacon lo popular porque, sin ir más lejos, las paredes del Cabildo son obra de los negros que fabricaron los ladrillos, trabajo deshonroso por entonces, y de los guaraníes que los apilaron.
No hubo en la edi cación -insistió- mano de obra de criollos ni españoles”.

Cine y circo
Pero Marta también tiene otro pasado. En rigor, otra historia de aspectos singulares porque quien hoy hace de la historia el centro de su actividad, además de ejercer como maestra y ser encargada de prensa de la Secretaría de Cultura de la Nación, supo durante cinco temporadas la productora general del Circo de Moscú cuando el célebre espectáculo internacional realizaba giras en Argentina.

“Aquello en el Circo de Moscú era muy grati cante pero a la vez complejo porque había que organizar 14 números por función y cada número exigía preparar una producción especia
con la problemática y necesidades particulares de equilibristas, domadores y payasos, por ejemplo”.

Cada gira por el país del circo se extendía algo más de un mes y significa poner en escena entre 50 y 70 funciones cada temporada, lo que realmente implicaba una tarea titánica y en algún caso sin red, por utilizar terminología circense en torno a los riesgos de la producción.

La historia vuelve a rozar a Marta con otro detalle no menos pintoresco: el tío abuelo de Marta fue también productor pero en su caso de las primeras películas blanco y negro, entre ellas las de Mario Gallo, considerado el primer realizador de cine argentino allá en los albores del Siglo XX, también como no podía ser de otra manera, con películas históricas.