Como lo hizo desde siempre en sus años de operario en la Siam Di Tella o la General Motors, o como cuando empezó a incursionar en el sindicalismo donde llegó a ser parte de la comisión normalizadora de la Unión Ferroviaria tras el final de la dictadura militar, Jakovcevic le puso el alma a la huerta y la bautizó con el nombre de un tocayo de notable peso histórico: el activista estadounidense por los derechos civiles Martin Luther King, asesinado en 1968.
Del Adriático al Docke
Martín nació hace 71 años en la isla de Yolta, Croacia, en el mar Adriático. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial fue refugiado en Palestina y en 1954 llegó con su familia a la Argentina, donde se instaló en Dock Sud.
Empezó a trabajar en la Siam de Valentín Alsina, ingresó al Partido Comunista donde aprendió a leer y escribir a los 18 años y abrazó la vocación sindical que explotó cuando en 1980 comenzó a trabajar en el Ferrocarril Urquiza.
También había incursionado en la General Motors y durante dos años estuvo desocupado, en un recorrido que incluyó su rol de banderillero en Morón, donde construyó su historia reciente y a la que le añadió su interés para escribir poesía.
"He tenido una vida muy vertiginosa y toda esta historia la edifiqué a pico y pala", apuntó, seguro de haber tomado el camino correcto cuando tras aprender el idioma, leer todo cuanto podía sin que su condición de obrero le significara un contrapeso.
"Realmente el saber ocupa lugar y en verdad, uno muy importante", considera Jakovcevic, que transmite ese concepto cuando una maestra de la Villa Carlos Gardel acerca a sus alumnos al vivero para que conozcan su pensamiento. Martín siempre les hablará como a todos del valor inconmensurable del trabajo que a su modo de ver, por más que pierda espacio como cultura, es lo que le da sustancia al hombre.