El día que descubrió su amor por la guitarra, a los 8 años, Ramón se ganó una formidable paliza de un primo suyo, mayor en edad y contextura física, a quien de visita en la chacra de una tía en Santa Ana, Misiones, le arrebató sin permiso el instrumento.
Para esos días, en la escuela de Guarupé, su pueblo natal, el alumno Ayala se caracterizaba por adornar las pruebas de matemáticas con dibujos esmerados que si bien no servían para cerrar con dignidad el boletín, fueron la base de otra de sus vetas artísticas. "Es que ya tenía el virus del arte", apuntó
"A mí me pasó de todo", recordó quien al empezar a abrirse camino en la música fue integrante del trío Sánchez, Monges y Ayala, con los que tocaba en la calle Corrientes, y solista de Dalmacio Esquivel. Después empezaron las giras por el mundo y con el tiempo, muchas de sus canciones fueron interpretadas por Mercedes Sosa, Horacio Guarany y Joan Manuel Serrat.
Lista negra
Cuando montó una peña folklórica en Mar del Plata allá por los años de plomo se enteró que "formaba parte de una lista negra de los milicos y que era boleta" por lo que aprovechó una oferta de trabajo que lo llevó a Europa, primero, y a Tanzania, Kenia y Uganda, después, Fue en ese último país en que lo hicieron actuar en un show con un sombrero mexicano. "No tenían ni la menor idea de donde venía", relató entre sonoras carcajadas. Y mientras extrae de la guitarra decacorde delicados sonidos que matizan sus recuerdos, Ramón certifica que vive a pleno, con vigor suficiente para cargar con impiadosa humildad contra "aquellos que se creen que están de vuelta de todo cuando ni siquiera han partido".