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18 de mayo 2014 - 00:30
La casa de Liliana y Daniel, un museo que rescata recuerdos
Una pareja reside en un ámbito singular rodeada de elementos antiguos heredados de sus antepasados y donados por vecinos, en una suerte de arcón mágico que mantiene vivo el pasado a veces olvidado
La vieja muñeca alemana de loza de 1927, junto al sable de un bisabuelo coronel que participó de la campaña al Desierto, son dos de las piezas más valiosas de las diez mil que Liliana y Daniel atesoran en el museo, mejor dicho en la casa que habitan en Villa del Parque, hoy convertida en un arcón gigante donde los recuerdos pelean con dignidad por un espacio en el patrimonio histórico porteño.

Aunque parezca una contradicción geográfica, es en la esquina de Alfredo Bufano y Arregui, en Villa del Parque, donde funciona el Museo Histórico de Flores Blanca Angélica Gandini, lo que dicho de otra manera es referir al hogar que comparten Liliana Cumpe, de 53 años, y su esposo Daniel Pelayes, de 59.

Ambos son firmes defensores de la idea de preservar el patrimonio histórico y cultural de la Ciudad, una idea que empezó a despuntar Liliana hace más de veinte años cuando tras poner punto final a un primer matrimonio, empezó a dar cumplimiento en el entonces departamento que habitaba en Flores a un mandato familiar.

"'Poco antes de morir una tía abuela -cuyo nombre bautizó después a la iniciativa- me dijo que dejara en un museo todos los objetos personales de la familia afincada desde hacía 150 años en Flores', contó Liliana a HISTORIAS DE VIDA. A eso se sumaron después centenares de donaciones

Lo que la señora Gandini jamás imaginó es que su sobrina- nieta iba a montar un museo propio que si bien ahora, dijo Liliana, "funciona en una sede provisoria", será trasladado cuando encuentren una propiedad acorde a Flores, el barrio que corresponde.

Mientras tanto, el lugar es visitado en forma gratuita por interesados que se anuncian con tiempo al 154 048-8240. "Nos organizamos así -apuntó Daniel- porque no hay que olvidarse que esta es nuestra casa y tenemos nuestras actividades".

De hecho Liliana es maestra jardinera en una escuela de Flores, y Daniel está retirado a raíz de un absurdo accidente sufrido una Navidad que limitó en extremo su visión. Pero los dos desarrollan en común otra tarea: la de interiorizarse en el patrimonio arbóreo de la ciudad. Para eso juntan semillas de árboles nativos que reparten entre los vecinos. Los propios alumnos de jardín de Liliana colaboran en esa tarea camino a la escuela, recogiendo del suelo de Plaza Flores, como les enseñó su maestra, las semillas liberadas por los árboles cuando fructifican.

Una noche en el museo

En otro orden, el vínculo con los recuerdos hace que el matrimonio se vista de época para ir por el barrio, donde se los identifica como "los del museo", en cual hay prendas de vestir de antaño, utensilios antiguos como latones, planchas a carbón y tablas de lavar; juguetes de principios del siglo pasado y fotos viejas como la del cuadro de la familia del coronel Alfredo Gandini, el bisabuelo de Liliana, tomada en 1910.

"Del coronel tenemos su sable y una historia muy atractiva: fue convocado para la parte final de la campaña de Roca al desierto pero estaba en desacuerdo con el exterminio de los indios, lo que le jugó en contra de su carrera militar", aseveró su descendiente.

En el museo que habitan, Liliana y Daniel son felices en la tarea de salvar recuerdos que en la quietud nocturna, como en la saga fílmica de Ben Stiller, reviven a la orden del enhiesto militar del cuadro que ilumina con el reflejo de su sable la sonrisa eterna de la casi centenaria muñeca alemana.