"Me levantaba a las cuatro y media de la mañana, me preparaba yo solo el mate cocido y a las cinco ya iba para la estación, aunque antes y después, cuando me bajaba en Guillón, tenía que caminar quince cuadras", rememoró. "Todo lo que ganaba -subrayó- se lo daba a mis padres", jefes de un hogar que sumaba tres hermanas menores.
Alberto guarda un grato recuerdo de los dueños de ese taller, Corti y Grassi, pero especialmente del primero que fue, dijo, "como un padre que me enseñó todo". Cuando murió, Ferrarese alquiló por un tiempo el taller y pero después decidió abrir el suyo propio en La Unión, al lado de su casa.
Compró máquinas y en el nuevo destino también siguió creciendo, ya casado con la madre de sus tres hijas y de la cual hoy está separado.
La vida y el canto"Estuve casado con mi esposa 24 años pero hace tres que estamos separados. Sin embargo, la valoro mucho", explicó quien es el papá de Franca Ferrarese, la chica de 19 años considerada una revelación en el folklore.
"Ahora también se ha sumado Micaela, de 21, que sigue los pasos de su hermana y hasta ya han compartido escenario -narró-. A la más chiquita, Sol, que según su profesor es la que mejor canta, no le interesa eso de actuar".
"Nunca me faltó para comer, no me sobra nada y disfruto de mi vida sin ser desagradecido como los que tienen para diez vidas y se la pasan llorando. Yo valoro todo lo que hice con esfuerzo y eso es lo que quiero transmitir", sentenció.
Como otra de sus actividades, Alberto acompaña a Franca a los festivales y presentaciones en el interior del país y a veces a Micaela, que trabaja en el Aeropuerto de Ezeiza y debe levantarse muy temprano.
"Estoy muy orgulloso de mis hijas porque cantan muy bien, son muy humildes y se ganan solas el cariño de la gente", aseguró Alberto, hombre torneado en la cultura del trabajo que cuando ve a Micaela levantarse a las cuatro y media para ir a su empleo, se retrotrae a la madrugada de su vida, cuando salía temprano de su casa rumbo al taller de Guillón. Es ahí, entonces, que una voz interior le confirma que sí ha sabido enseñar.
El arquero de potrero que aprendió de boxeo
El tiempo libre que le daba su empleo en la tornería de
Corti y Grassi, en Luis Guillón, donde trabajaba de lunes a viernes y además los sábados medio día, le permitían a Alberto despuntar el vicio con el fútbol, en su caso posicionado debajo de los tres palos.
"Llegué a ser un profesional del potrero al punto que me decían el 'Pato', por mi estilo similar al de (el ex guardametas Ubaldo Matildo) Fillol, por aquellos días un arquero sensacional", señaló. Sin embargo, con los años, iba a trocar los guantes de golero por los de boxeo. "De boxeo conozco mucho y me gusta, algo que es contradictorio con mi personalidad porque no soy agresivo", aportó quien por seguir de cerca una audición radiofónica del deporte de los puños, entabló una relación especial con su conductor.
"Me hice amigo de Mingo Rafaelli, conductor del programa Campeones en el Ring, ahora en AM 890, y con el cual hasta llegué a colaborar en la producción y sin cobrar un peso", contó sobre el vínculo que lo llevó a conocer a grandes pugilistas. N
o hace mucho, consideró que había grandes ex boxeadores que no eran reconocidos y organizó una cena privada en la que reunió a Ramón La Cruz, Horacio Saldaño, Sergio Víctor Palma, Héctor Velazco, Santos Benigno Laciar, Julio César Vásquez, Juan Martín Látigo Coggi y Sergio Maravilla Martínez sólo para decirles gracias por lo hecho sobre el ring.