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16 de marzo 2014 - 00:30
La francesita de la milonga vuelve a su país con nostalgia
Paola vino a Buenos Aires para aprender a bailar tango y los dos meses que había previsto para completar su formación se transformaron en ocho, tiempo en que logró perfeccionar un estilo que lleva en la sangre
El cabeceo y la mirada de las milongas porteñas son prácticas distintas a las que Paola Aguilera estaba acostumbrada en Francia. Al menos, eso aprendió 'in situ' en el momento previo de encarar el baile sobre los pisos de baldosas que en nada se emparentan con el parquet de los salones de su país donde impera el tango escénico. Es que la modalidad sentida y sensual de Buenos Aires le ha ganado el corazón a esta chica nacida en París hace 25 años pero que siempre mantuvo un contacto vivo y sanguíneo con el Río de la Plata.

Paola es hija de uruguayos y dueña de un auténtico ADN tanguero. De hecho su padre, Flabio Aguilera, es bandoneonista y guitarrista afincado en Montpellier; su hermano Esteban, bailarín, y su abuelo, Cacho Aguilera, otro cantor de tango que también hizo carrera en tierra francesa en la que la abuela Susana, surgida de la danza clásica, aportó lo suyo para dar vida a un espectáculo de tango- baile familiar.

En ese ambiente creció Paola hasta que un día, cuando se dio cuenta que el tango bailado le tiraba mucho, decidió poner proa a Buenos Aires para venir e incorporar la modalidad porteña. "Es que el estilo que impera acá -aseveró a HISTORIAS DE VIDA- es más concreto y emotivo".

La chica hizo las valijas y en julio pasado desembarcó en Buenos Aires para quedarse dos meses. Sin embargo, ya se cumplieron ocho de su arribo y recién ahora, tras considerar que logró lo que vino a buscar, Paola se apresta a volver a Francia quizás, como dirían Gardel y Lepera, bajo un burlón mirar de estrellas que no le serán para nada indiferentes.

"Montpellier, donde vivo, me había quedado chico por más que allá estuviera dando clases. Me hacía falta otra cosa y vine para acá", argumentó.

Veinticinco años no es nada

Por una pareja de bailarines argentinos que hace camino en Francia con el tango, Paola encontró en San Telmo una habitación para alquilar y en la búsqueda discepoleana del mango que la haga morfar empezó a dar clases particulares de francés mientras iba aprendiendo en las milongas diseminadas por la ciudad.

"Acá la gente vive el tango y uno de los pasos importantes que alcancé fue conocer las letras y su sentido, identificadas con calles, lugares o situaciones que se cuentan en los tangos" dijo, a la vez que hizo hincapié en que el problema para los franceses "es que no entienden lo que en el fondo dice la letra".

En una de las tantas noches de baile logró dar con un bailarín con el cual las cosas empezaron a ser más claras. Iván Sandez se convirtió en el compañero ideal como para proyectar una pareja de baile que llevará su arte a Francia, donde ya tiene programada una gira cuando en abril la 'Francesita', el mote que se ganó en los últimos ocho meses en las milongas de Buenos Aires, retorne a Montpellier.

Aquella nenita que se quedaba dormida en los bailes que organizaba su padre en Francia o la adolescente que obligaba a sus noviecitos franceses del liceo a acompañarla en los cortes y quebradas para no bailar con hombres grandes, siente que esta etapa de su formación toca a su fin. Y aunque sabe que tarde o temprano volverá por Buenos Aires, una sensación singular la invade al punto que la letra del tango Nostalgias, registrada en su memoria auditiva con la voz de su abuelo Cacho, una vez más logra emocionar su corazón rioplatense.