"Montpellier, donde vivo, me había quedado chico por más que allá estuviera dando clases. Me hacía falta otra cosa y vine para acá", argumentó.
Veinticinco años no es nada
Por una pareja de bailarines argentinos que hace camino en Francia con el tango, Paola encontró en San Telmo una habitación para alquilar y en la búsqueda discepoleana del mango que la haga morfar empezó a dar clases particulares de francés mientras iba aprendiendo en las milongas diseminadas por la ciudad.
"Acá la gente vive el tango y uno de los pasos importantes que alcancé fue conocer las letras y su sentido, identificadas con calles, lugares o situaciones que se cuentan en los tangos" dijo, a la vez que hizo hincapié en que el problema para los franceses "es que no entienden lo que en el fondo dice la letra".
En una de las tantas noches de baile logró dar con un bailarín con el cual las cosas empezaron a ser más claras. Iván Sandez se convirtió en el compañero ideal como para proyectar una pareja de baile que llevará su arte a Francia, donde ya tiene programada una gira cuando en abril la 'Francesita', el mote que se ganó en los últimos ocho meses en las milongas de Buenos Aires, retorne a Montpellier.
Aquella nenita que se quedaba dormida en los bailes que organizaba su padre en Francia o la adolescente que obligaba a sus noviecitos franceses del liceo a acompañarla en los cortes y quebradas para no bailar con hombres grandes, siente que esta etapa de su formación toca a su fin. Y aunque sabe que tarde o temprano volverá por Buenos Aires, una sensación singular la invade al punto que la letra del tango Nostalgias, registrada en su memoria auditiva con la voz de su abuelo Cacho, una vez más logra emocionar su corazón rioplatense.