De hecho, con esa tesitura es que estuvo hace unos días en Buenos Aires y en el departamento su entrañable tía Lidia, aquella que lo recibió cuando volvió de Colombia después de 11 años envuelto en la oscuridad.
"Volví en el 93 -recordó- y mi tío Toto, el esposo de Lidia, ya fallecido, me hacía todo el recorrido por los grupos de ayuda y hasta me despertó la pasión por San Lorenzo", nacida la tarde que lo llevó a ver un partido al que entró de su mano como si fuera un pibe.
Quien no dice que resida en esa experiencia que lo marcó para siempre la razón del nombre de su restaurante de Cartagena, Churrasquito El Pibe, donde por supuesto -máxime hoy, domingo- el fútbol y sobre todo el argentino está presente en los televisores ubicados en el salón.
"Mi familia se vino a Colombia y mi padre abrió un restaurante donde yo me encargaba de las relaciones públicas. Con el tiempo me puse el mío y el nombre salió de una compulsa con mis hermanos", destacó Gustavo a quien la actividad en el local le deja tiempo para surfear en aguas del Caribe colombiano.
No obstante, lo suyo es viajar y para eso tiene un aporte ideal: su esposa Luchy, una barranquillera que lo entiende a la perfección al igual que el hijo que tuvieron, Gianluca, de 18 años, que heredó de su padre el gusto de domar las olas sobre una tabla.
"Soy un convencido de lo importante que es la fuerza de voluntad para alcanzar las metas que nos imponemos", afirmó, aunque dejó en claro que "existen diferencias entre planificar y los resultados que se obtengan con esos planes'.
Esa es la consigna vital de Gustavo, que en la vorágine del restaurante, irá dando dará definición a su próxima aventura en la moto que los retrovisores izquierdo y derecho tiene grabados los nombres Luchy y Giancarlo. Sin más, dos acicates que lo inspiran a mirar para adelante en cada viaje a emprender.i