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27 de enero 2013 - 00:10
Las guerras de Gustavo son hitos de un viaje constante
Padeció 76 días la Guerra de Malvinas y a la vuelta, el desamparo que afectó a los ex combatientes lo arrastró a la adicción, de la que salió, en un triunfo que honró con una travesía en moto de más de 32 mil kilómetros.
A lejado de los distintos campos de batalla impuestos por las guerras que libró a lo largo de sus 49 años, Gustavo De Rosa inició esta mañana en su restaurante en Cartagena, Colombia, el rito argento del mate mientras espera a los clientes que horas después disfrutarán su comida sin saber que el anfitrión es dueño de una bitácora de viaje donde resume una vida rebosante de aventuras, caídas y triunfos.

Gustavo, un ex combatiente que estuvo 76 días en Malvinas y que padeció el frío desamparo de la posguerra, enfrentó con éxito la lucha contra la adicción al alcohol y las drogas, dos enemigos de los que terminó de deshacerse en una travesía en solitario realizada en el 2008, cuando unió los 32.206 kilómetros que separan Cartagena y su ciudad natal, Mar del Plata.

"Salí de una guerra y me metí en otra", señaló a HISTORIAS DE VIDA este empresario gastronómico que, sin embargo, no ha perdido su espíritu trashumante para el cual su moto Suzuki V-Strom, a la que bautizó 'Solo por hoy', tal el lema que utiliza en su otra actividad cómo ayudante de jóvenes y adultos en lucha por alejarse de las adicciones, siempre está disponible.

Incluso por estos días está planeando conmemorar su década número cinco con otro periplo, ahora entre Cartagena y Alaska, porque si algo aprendió en todos estos años es "que el viaje continúa y por naturaleza -afirma- yo sigo viajando"'.

De hecho, con esa tesitura es que estuvo hace unos días en Buenos Aires y en el departamento su entrañable tía Lidia, aquella que lo recibió cuando volvió de Colombia después de 11 años envuelto en la oscuridad.

"Volví en el 93 -recordó- y mi tío Toto, el esposo de Lidia, ya fallecido, me hacía todo el recorrido por los grupos de ayuda y hasta me despertó la pasión por San Lorenzo", nacida la tarde que lo llevó a ver un partido al que entró de su mano como si fuera un pibe.

Quien no dice que resida en esa experiencia que lo marcó para siempre la razón del nombre de su restaurante de Cartagena, Churrasquito El Pibe, donde por supuesto -máxime hoy, domingo- el fútbol y sobre todo el argentino está presente en los televisores ubicados en el salón.

  • El alma en el retrovisor

"Mi familia se vino a Colombia y mi padre abrió un restaurante donde yo me encargaba de las relaciones públicas. Con el tiempo me puse el mío y el nombre salió de una compulsa con mis hermanos", destacó Gustavo a quien la actividad en el local le deja tiempo para surfear en aguas del Caribe colombiano.

No obstante, lo suyo es viajar y para eso tiene un aporte ideal: su esposa Luchy, una barranquillera que lo entiende a la perfección al igual que el hijo que tuvieron, Gianluca, de 18 años, que heredó de su padre el gusto de domar las olas sobre una tabla.

"Soy un convencido de lo importante que es la fuerza de voluntad para alcanzar las metas que nos imponemos", afirmó, aunque dejó en claro que "existen diferencias entre planificar y los resultados que se obtengan con esos planes'.

Esa es la consigna vital de Gustavo, que en la vorágine del restaurante, irá dando dará definición a su próxima aventura en la moto que los retrovisores izquierdo y derecho tiene grabados los nombres Luchy y Giancarlo. Sin más, dos acicates que lo inspiran a mirar para adelante en cada viaje a emprender.i