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01 de octubre 2017 - 01:23
Los juguetes son el alimento para la alegría de los chicos
Impulsores de Unidos Para Ayudar, una entidad solidaria, Víctor Bardeci y Rita Merlo no sólo comparten la vida sino también la ilusión de que, a través de los juguetes y muñecas que fabrican, los chicos puedan crecer con una sonrisa.

Desde hace casi 60 años, Víctor Bardeci y Rita Merlo comparten la vida y los proyectos en su casa de Vicente López, donde un amplio jardín deja entrar el sol hacia los ambientes principales.

Padres de cuatro hijos y abuelos de seis nietos, con el “plus” de una bisnieta, Víctor dedicó su vida laboral a la arquitectura, siempre en forma independiente, mientras Rita cuidaba a los hijos y despuntaba su amor por la artesanía elaborando distintas creaciones pintadas en madera y otros materiales que vendía en las ferias de distintos barrios.

Ahora, ambos bordean la década de los 80, y saben que pueden seguir sintiéndose jóvenes en la medida en que generan nuevas actividades, y con el aliciente que esas tareas son una ventana a la alegría de los más chicos, ya que dedican varias horas de su vida a confeccionar y armar juguetes y muñecos de todo tipo para niños carenciados que asisten a comedores escolares.

Esto es porque desde hace casi diez años, Víctor y Rita generaron un proyecto al que denominaron Unidos Para Ayudar (UPA) que se puede conocer en Facebook, y que sin llegar a ser una fundación ni una ONG intenta ser un vehículo para la solidaridad pura, sin fines de lucro ni más aliciente que el de “sentir que la sonrisa de un pibe compensa todo en un mundo en el que muchas veces no hay respuestas suficientes”.

Alto, delgado, y entusiasmado por cada paso que da junto a su esposa para hacer crecer esta iniciativa, Víctor cuenta que “yo soy de Caballito, y Rita vivía en Palermo Viejo. Nos casamos y nos vinimos a Vicente López, lugar que adoptamos para siempre”. Agrega que “como arquitecto siempre fui independiente, y ahora me dedico a ayudar a mis hijos, uno de los cuales siguió mis pasos como profesional”.

Rita comenta que “yo fui más una ama de casa, me dediqué a los hijos pero siempre me gustó el arte y las manualidades. Me encanta la pintura en madera, el arte francés, y el estampado en tela. Durante varios años vendí mis cosas en ferias de la zona y en otras más lejos” y aclara que “para mí era un cable a tierra”.

Orgulloso, su marido muestra un par de cuadros donde la imagen de una mujer con flores rojas en su cabeza y un paisaje campestre hecho en tela y papel recortado muestran la creatividad de Rita, quien explica que “ya no lo hago más, se hacía muy caro y es muy difícil venderlo”.

Con respecto a Unidos Para Ayudar, Rita explica que “hace casi diez años que emprendimos este proyecto de armar juguetes para los chicos, yo haciendo muñequitos en tela y Víctor más hábil con el trabajo en madera para armar todo tipo de juguetes”.

Víctor amplía que “todo empezó cuando nos conectamos con el Banco de Alimentos, entidad que da de comer a chicos de 800 comedores, y ellos me comentaban que por defectos de envase u otros detalles se recuperan 4 millones y medio de kilos de alimentos que pueden ser distribuidos a los más necesitados”.

Explica que “nosotros empezamos a ir una vez por semana, y como nos dijeron que el tema alimentario estaba cubierto pero necesitaban darles otras cosas, ofrecimos empezar a armar juguetes, y así fue que yo comencé a buscar maderas viejas, apelar a gente que donara algo, y fueron surgiendo ideas: avioncitos, rompecabezas, autos, y otras cosas”.

Mientras, Rita muy hábil con la máquina de coser, se dedicó a los muñecos en tela, con su vestido, su pelo, cuidando todos los detalles. ella señala que “todas las tardes me vengo a armar y coser estos muñequitos y por ahí hago diez en una semana”.

Sus creaciones llegaron hasta Africa

Sin dejar de recordar nunca el modelo de su padre, un español que vino a los tres años a Buenos Aires, se capacitó como mecánico y trabajó durante años en la empresa IMPA, Víctor dice que “para nosotros que siempre vivimos de nuestro trabajo es una satisfacción sentir que estamos aportando algo para los chicos, ya que hay muchas necesidades, y si todos ponemos algo, al menos aliviamos su situación”. Con su esposa, recuerda que “la primera misión que tuvimos fue ir a Villa Zagala, a un comedor, y ahí vimos las necesidades que había. A partir de ahí fuimos a diversos comedores, y nos decían que los pibes comían y dibujaban y no tenían mucho más por hacer. Ahí les ofrecí empezar a hacer y llevar juguetes, mientras Rita se sumó armando muñecos de tela y títeres de mano o de dedo”.

También cuenta que “de a poco se fue sumando gente conocida que se integró al proyecto, para ayudar, algunos aportando material y otros completando el trabajo nuestro o distribuyendo los juguetes en los distintos comedores”. Víctor remarca que entre Capital y GBA hay unos 800 comedores, pero además hay muchos otros en el resto del país”.

Víctor se enorgullece al recordar que “llegamos hasta Africa, ya que un sacerdote que fue a misionar a Mozambique llevó algunos juguetes y muñecas, y nos mandó fotos de los chicos de allá con lo que hicimos nosotros. Era emocionante”