"La historia era para mí un hobby hasta que un día, en 2005, me invitaron a dar mi primera charla en el museo Blanca Gandini. "Para mí era mucha responsabilidad porque lo mío era vocacional -contó- y así me preparé casi un mes, al punto que escribí lo que después dije".
Esa primera charla en público salió tan bien que se convirtió en el primer capítulo del libro que sacará dentro de dos meses, en el cual abordará aspectos poco conocidos de San Martín, Belgrano, Moreno y Güemes y que por ahora no tiene título definido. Ese capítulo tiene para Fensore un bonus sentimental: fue corregido por su padre, Alfredo, fallecido hace dos años.
Con el tiempo, su actividad en el Rotary de Villa Urquiza le fueron dando soltura en las exposiciones y, a la vez, un mayor compromiso en la tarea de revisar la historia.
Verás que todo es mentira
Lo que era un entretenimiento pasó a ser una de sus actividades principales que lo convirtieron en académico del Instituto Belgraniano de San Miguel y del Museo General Belgrano, y lo llevaron a publicar decenas de artículos como en la revista Todo es Historia.
"Me gusta mucho escribir a mano, en lo bares, lo que me lleva a trasladar libros en bolsas que hacen que muchos me vean como un bicho raro", apuntó.
En rigor su especialidad es contar la historia desde la "trastienda" de los próceres para mostrarlos en su plena dimensión humana. "Además -acotó- a la gente le gusta mucho más las anécdotas, que en definitiva son la sal de la historia, que las fechas o las batallas".
En su apertura revisionista detectó muchas versiones intencionalmente distorsionadas. "Estoy cercano al rock, pero el 'verás que todo es mentira' discepoleano es aplicable cuando se revisa la historia que nos contaron los que ganaron Caseros", afirmó.
Contra eso lucha Fensore que por los dudas advierte a los desprevenidos que nunca hubo aceite hirviendo para el invasor británico y que la cintas repartidas por French y Berutti en 1810, en realidad eran rojas y blancas.