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11 de mayo 2014 - 00:30
Lucho, hombre orquesta que aplica la ley en clave de sol
A los 4 años empezó a leer pentagramas, a los 12 dio su primer concierto y a los 18 debutó como director de una agrupación musical, dominado por un don que no le impidió ser camionero, rugbier y abogado criminalista
Las teclas del piano ejecutado por Lucho Repetto cobran vida en una sucesión de acordes armónicos de tango con fragancia sinfónica reflejo sus primeros pasos en la música, la que empezó a frecuentar con una pasión desbordante cuando tenía apenas 4 años, es decir setenta abriles atrás.

Lucho siente cada una de las notas que impone a sus arreglos
, los que le valieron reconocimiento en el mundo tanguero donde con distintos grupos acompañó a Roberto Goyeneche, Virginia Luque, Raúl Verón, Ruth Durante, Guillermo Galvé, María Graña, Francisco Llanos y María Garay, entre otros, quienes experimentaron el enorme talento del músico.

"Creo que soy un privilegiado porque Dios me ha puesto a su lado para enseñarme permanentemente", apuntó Lucho Repetto a HISTORIAS DE VIDA, cerca de los instrumentos con que prepara sus próximas actuaciones en su casa en Chilavert.

"El punto es encarar todo lo que hacés con amor, de lo contrario no sirve"
, aseguró quien a los 12 años dio su primer concierto de piano cuando la música de cámara era su norte.

El jazz lo capturó de adolescente para convertirse a los 18 en director de su primera orquesta. Para entonces, ya había comenzado a estudiar trompeta impulsado por las ganas de incursionar en otros ritmos y para darle despliegue, también, a sus urgencias hormonales. "Me dí cuenta que el trompetista, al igual que el saxofonista, 'ganaban' -en alusión al público femenino- mucho más que cualquier otro integrante de la orquesta", confesó.

Más tarde fue el rock y finalmente el tango al que concibe desde un concepto orquestal y sinfónico. Pero en el medio hizo caso a las recomendaciones de sus padres y emprendió el camino de la vida universitaria, convencido que no era bueno eso de poner todos los huevos en la misma canasta.

Comenzó por Medicina pero forzado por las urgencias materiales impuestas por su primer matrimonio, la abandonó cuando estaba en cuarto año. Parar la olla le significó alejarse de la música y la facultad para arrimar unos pesos como camionero. Cuando quiso retomar los estudios cinco años después, se enteró que debía volver a cursar más de media carrera.

Derecho al éxito

"Una amiga me anotó por las suyas en una universidad privada pero en Abogacía y como no tenía plata -señaló- otro amigo me dijo que me pagaba los estudios para que le devolviera su aporte cuando fuera profesional. Me recibí de abogado en cuatro años, a los 32".

De allí en más emprendió en paralelo las dos carreras en forma exitosa. Armó una orquesta que hizo giras por todo el mundo y se especializó como abogado criminalista. En el medio fue relator de la Cámara de Apelaciones en lo Penal y tuvo mucho que ver con las acciones para evitar el ingreso al país de papas contaminadas en el desastre nuclear de Chernobyl.

"Ser músico y abogado es moverse en dos profesiones distintas pero parecidas a la vez, ambas unidas por las emociones", precisó. "En la música uno juega con las emociones y en el derecho vivís las emociones desde que tomás un caso hasta que sale la sentencia".

A Lucho le causa gracia cuando en las giras por el exterior ven su tarjeta y piensan que es doctor en música. "Aclaro que no y que tampoco soy polifacético. Simplemente quiero vivir".