"142.942, esclerosis en primera persona", es el título de la obra testimonial que escribió en cuatro meses en Algorta, el puerto cercano a Bilbao, según afirma, "para contar lo que nos pasa y como nos pasa a quienes tenemos esta enfermedad".
"El libro tiene que ver esto de aprender a convivir con algo que te va a acompañar cada día de tu vida y para lo cual hay que dominar la rabia, la incertidumbre y el miedo que te invaden", apuntó.
En su caso, los problemas derivados porque "falla la orden que da el cerebro como si fuera un inconveniente eléctrico por el mal estado de los cables", la obligan usar muletas y la fuerzan a no poder manejar con plasticidad la mano izquierda.
En carrera
A pesar de esas limitaciones que no afectan que se traslade en colectivo o transite desafiando la irregular geografía urbana porteña, María Paz desarrolla en la Ciudad una intensa actividad que incluye disertaciones sobre lo que se convirtió en preocupación: la inclusión social de las personas con discapacidad.
Es que a los dos temas centrales a los que le ha dedicado su tiempo, aquella productora de "Simplemente Fútbol" y Radio Diez, también le añade un programa en una radio bilbaína y la dirección de investigaciones sobre temáticas de la mujer y la inmigración, a los que retornará cuando en dos semanas vuelva a Algorta, donde vive rodeada de amigos y de su perro Bob, exponente de la raza Ter Bal, como define a la condición de mascota nacida en un terreno baldío.
De su juventud le quedan los recuerdos en el tenis, actividad en la que fue profesora, y en el golf, donde reunió 7 de handicap. Hoy no ha perdido su relación con la competencia, pero ahora la puja pseudodeportiva que plantea "consiste en llegar a la esquina antes que el anciano que viene caminando adelante mío".
En realidad, en la carrera unilateral que emprende hay igualdad de posibilidades y por eso cuando arriba primero al cruce de calles, no celebra el triunfo sobre el abuelo, sino el haber conseguido una vez más una victoria parcial sobre el enemigo despiadado que hace ocho años ganó su cuerpo para siempre.