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02 de noviembre 2014 - 00:29
Néstor, el mariachi que nunca le soltó la rienda al barrio
Trabajó en un astillero, vendió alfajores y abrazó el vecinalismo, pero también descubrió que podía encarar una expresión artística romántica.

Los boleros son firmes compañeros de ruta en la vida de Néstor Giménez, un activo vecinalista del barrio La Cañada, en Quilmes, quien curtido en las canciones de Miguel Aceves Mejía y Javier Solís inculcadas por el gusto musical de su padre, descubrió que su foja de servicios repleta de las más variadas actividades, bien podía incluir la profesión de mariachi.

Néstor, de 47 años, entendió que esa manifestación artística podía significar un punto de apoyo a la sacrificada economía familiar y así fue como de a poco perfiló un grupo de música mexicana que actúa en casamientos, cumpleaños y eventos. Incluso, en fiestas y serenatas en los barrios más picantes del sur del conurbano.

Las presentaciones del mariachi Néstor suman otra faceta a su activo rol como vecinalista en la sociedad de fomento 1 de Abril, lugar donde como dirigente comunitario brega para que el barrio que habita desde hace más de veinte años, vaya para adelante.

"Yo defino mi vínculo con el fomentismo como la posibilidad que tengo para manifestar mi vocación de servicio", apuntó Néstor a HISTORIAS DE VIDA, en el ambiente que construyó en el fondo de su casa para ensayar con el grupo e impulsar un nucleamiento partidario justicialista denominado La Bisagra.

La bandera que levanta es simple: "Si no te comprometés con algo, no podés criticar porque de lo contrario te quedás sólo en la crítica. Y así, no sirve".

Desde que llegó al barrio, Giménez estuvo cerca del fomentismo y ese compromiso lo llevó a tener algún cruce con algunos intendentes de Quilmes a quienes les reclamaba obras y mejoras para el lugar.

Hoy, por ejemplo, Néstor dibuja mapas que remite a las municipalidad en el que marca la ubicación de las luminarias que no funcionan y a eso le suma el rescate de perros abandonados, algunos de los cuales encontraron un hogar largamente provisorio también en el fondo de su casa.

Su relación con la sociedad de fomento marcó el inicio de su trayectoria musical. "Una vez allí hicimos una peña -contó- y como los músicos que habíamos contratado no llegaron, me puse una camisa blanca, me calcé un sombrero de charro, tomé una guitarra y salí a cantar". El repertorio original incluyó "Te solté la Rienda", "Si nos dejan", "Toda una Vida", "El rey" y "Cielito Lindo", entre otros temas que no abandonó nunca más.

México siempre estuvo cerca

La primera contratación le llegó esa noche cuando una de las asistentes de la peña le preguntó cuanto le cobraba por cantar en una fiesta. La contratación cerró en 20 pesos y así arrancó.

Atrás quedaron su formación como maquinista y motorista que puso en juego en el Astillero Domecq García y sus años embarcado como fresquero, en Puerto Madryn. "Ahí, por cuestiones gremiales en la empresa que trabajaba, terminé vendiendo alfajores en la puerta de ALUAR" señaló, al referir a la escala previa antes de volver al barrio con María Belén, su esposa, y sus hijos Vanesa Belén y Néstor Ezequiel.

De a poco empezó a comprar los instrumentos y conformar la banda de mariachis con la que empezó a enhebrar presentaciones.

"Nunca fui a México, pero pude hacerlo una vez que vendí el fondo de comercio de un quiosco que tenía y con eso pensaba pagarme el pasaje. Pero -concluyó- levanté el ambiente donde ensayamos para que México me quede más cerca"