El programa creado hace un año junto a José María Santagata, apunta a "tener en cuenta lo que necesitan los chicos internados en el Posadas y también sus padres", precisó a HISTORIAS DE VIDA la mujer que conciente que el canto no le permite ganarse la vida, trabaja en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras.
Con lo que obtienen de las donaciones de aquellos interesados en dar una mano que la contactan por Facebook, Gabriela arma bolsas y recorre las salas, previo trabajo de inteligencia para saber que es lo que les hace falta.
Mandato natural
"Hay que escuchar y prestar atención a lo que se necesita", dijo, convencida que "a veces no hace falta una gran campaña" para extender la mano a quienes la están esperando.
"Mi familia fue maravillosamente solidaria al punto que conformó una gran cátedra de solidaridad" aseguró quien considera que "para mí dar es un mandato, forma parte de mi naturaleza".
Sin embargo, como lo revelan sus ojos cuando abandonan provisoriamente el perfil chispeante y vivaz que la caracteriza, Gabriela reconoce que la experiencia de dar tiene "tropiezos" que no son ajenos a la sensibilidad puesta en juego en la entrega solidaria.
"Es que todo esto lleva a que vea en la tristeza de muchos de los chicos internados, la mía propia", subrayó. "Y es más. Creo -apuntó- que estoy dando lo que no recibí en su momento, pero no porque no quisieran sino porque no pudieron".
Pero ese dejo apenado se pierde cuando Gabriela retoma la tarea inherente a la preparación de las bolsas con los regalos, que distribuirá en la previa de esta Navidad entre las camas para saber, además, como están los pequeños pacientes del Posadas.
A pesar del nombre que tiene el programa que lidera, Gabriela ya no se viste de Papá Noel. Igual los chicos del Posadas objeto de la iniciativa la asocian inevitablemente con ese ícono de la niñez en versión delgada y femenina, cuyos ojos mezcla de azul y ámbar se iluminarán ante el placer de hacer lo que la hace sentir viva, feliz y completa.