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23 de diciembre 2012 - 00:20
Papá Noel no se viste de rojo, es flaco y se llama Gabriela
Gabriela nunca imaginó que la capilla que utilizó hace cuatro años en el Hospital Posadas como improvisado vestuario para disfrazarse por primera vez de Papá Noel, había sido el mismo lugar donde el 24 de diciembre de 1964 sus padres estrenaron anillo de compromiso.

La moraleja de la anécdota que combina el ámbito físico, la fecha y la presencia bonachona del gordo ataviado de rojo que reparte regalos entre los chicos, fue que aquel acuerdo prematrimonial entre Carlos y Marisa, sus padres, dio lugar a la familia en cuyo seno Gabriela entendió el sentido de la solidaridad.

Desde hace un año, Gabriela Tramontini, de 43 años, impulsa el proyecto de perfil voluntario denominado 'Hoy soy Papá Noel por un día en el Hospital Posadas' y que consiste en estar cerca de los chicos internados en ese centro asistencial situado en Haedo.

Ya despojada de la vestimenta rojas y las bolsas empleadas en el pasado para cobrar volumen 'papanoelero', esta cantante lírica de mirada mezcla de azul y ámbar que a veces denota tristeza, sostiene que en toda la movida navideña instalada por estos días, el hecho de dar y estar atento a los que están en el hospital es en rigor una tarea aplicable a todos los días del calendario.

El programa creado hace un año junto a José María Santagata, apunta a "tener en cuenta lo que necesitan los chicos internados en el Posadas y también sus padres", precisó a HISTORIAS DE VIDA la mujer que conciente que el canto no le permite ganarse la vida, trabaja en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras.

Con lo que obtienen de las donaciones de aquellos interesados en dar una mano que  la contactan por Facebook, Gabriela arma bolsas y recorre las salas, previo trabajo de inteligencia para saber que es lo que les hace falta.

Mandato natural

"Hay que escuchar y prestar atención a lo que se necesita", dijo, convencida que "a veces no hace falta una gran campaña" para extender la mano a quienes la están esperando.

"Mi familia fue maravillosamente solidaria al punto que conformó una gran cátedra de solidaridad" aseguró quien considera que "para mí dar es un mandato, forma parte de mi naturaleza".

Sin embargo, como lo revelan sus ojos cuando abandonan provisoriamente el perfil chispeante y vivaz que la caracteriza, Gabriela reconoce que la experiencia de dar tiene "tropiezos" que no son ajenos a la sensibilidad puesta en juego en la entrega solidaria.

"Es que todo esto lleva a que vea en la tristeza de muchos de los chicos internados, la mía propia", subrayó. "Y es más. Creo -apuntó- que estoy dando lo que no recibí en su momento, pero no porque no quisieran sino porque no pudieron".

Pero ese dejo apenado se pierde cuando Gabriela retoma la tarea inherente a la preparación de las bolsas con los regalos, que distribuirá en la previa de esta Navidad entre las camas para saber, además, como están los pequeños pacientes del Posadas.

A pesar del nombre que tiene el programa que lidera, Gabriela ya no se viste de Papá Noel. Igual los chicos del Posadas objeto de la iniciativa la asocian inevitablemente con ese ícono de la niñez en versión delgada y femenina, cuyos ojos mezcla de azul y ámbar se iluminarán ante el placer de hacer lo que la hace sentir viva, feliz y completa.