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23 de agosto 2015 - 00:20
Para Steinberg el stand up es gordo y se viste de rojo
Aunque el humor lo lleva en la sangre, al punto que fue capaz de expresarlo en uno de los días más tristes, este fanático hincha de Independiente descubrió de grande que podía hacer reir al público en un espectáculo.
El día que a la vuelta del cementerio donde acababan de enterrar a su padre Gabriel Steinberg generó risas mientras trataba de escribir una necrológica lo más sintética posible para publicar en un diario, además de honrar el legado paterno de pararse con humor frente a la vida, dio el primer paso a una vocación hasta entonces oculta.

Es que Gabriel terminó haciendo carne el modo mordaz de contar situaciones donde la agudeza, la ironía y la observación cotizan alto cuando este visceral hincha de Independiente sube a escena acompañado sólo por un micrófono para dar rienda suelta a su propuesta standapera.

Adoptar la decisión de volcarse al stand up nacida, en definitiva, del seno de una familia judía afincada en el Once, le llevó su tiempo pero al final incursionó en el género a partir de la propuesta de una amiga, quien supo ver su potencial humorístico hasta entonces derrochado en la platea de Independiente, en la oficina donde trabaja y con sus afectos.

'Hace cinco años y por una amiga, empecé a estudiar con la profesora de stand up Verónica Lorca, pero jamás imaginé que iba a subirme a un escenario sino que pensaba que era un buen aprendizaje para armar monólogos', relató Gabriel a HISTORIAS DE VIDA.

En la muestra del fin de año del grupo, Gabriel tuvo que montar una rutina en público pero el debut no fue para nada auspicioso. 'Aunque la profesora nos dijo que el auditorio iba a estar conformado por familiares que aplaudirían cualquier cosa que hiciéramos -rememoró- a poco de empezar tuve un blanco y me olvidé todo el material. Pero aplaudieron'.

Pero hay un tema que a Gabriel lo pone serio. El recuerdo de haber estado en la Embajada de Israel apenas una hora antes que el edificio fuera volado en un ataque terrorista el 17 de marzo de 1992, lo hizo pensar en la conjunción de destino y el azar para explicar determinadas circunstancias. 'Me enteré de lo que había pasado -señaló- en la oficina en que trabajaba, que era una dependencia situada en otra dirección pero ligada a la Embajada'.

"No digo que lo que pasó me marcó porque no soy un sobreviviente directo del hecho pero cuando me surgió un laburo en una asesoría financiera en la que aún estoy, me fui para allá", aclaró.


Ritual rojo

En otro orden, ir a la cancha para ver a Independiente es un ritual que para Steinberg tiene un valor extraordinario. "Era ahí donde mi padre y yo teníamos nuestro lugar exclusivo, él y yo, y eso se extendió al vínculo más formidable que hoy es el abrazo de gol con mi hijo". Como dato, Gabriel y el chico, Mauro, de 18 años, comparten en el brazo izquierdo el mismo tatuaje, un escudo de Independiente desgarrado, síntesis plena de pasión futbolera.

Es que el fútbol también fue un elemento vital para compartir momentos con su hijo sobre todo después de divorciado, no solo con las idas al Libertadores de América sino cuando fue ladero del pibe en su experiencia por el fútbol infantil, donde Gabriel llegó a ser dirigente de la Federación de Escuelas de Fútbol.

Ahora, a los 50 años, Steinberg es parte los jueves a las 21 en el teatro Cavern del Complejo La Plaza, junto Flor Bonacorsi, Emiliano Badano, Conie Ballarini y Flor Alcorta del show 'Ella tiene la última palabra'. Allí, cuando empieza su rutina, nadie sabe que todos sus monólogos que demandan risotadas, nacieron con una necrológica en uno de los días más tristes de su vida