“Yo fui un villero que por el box estuve alojado en hoteles de cinco estrellas en todo el mundo. En París, por ejemplo, me bañaba hasta seis veces por día” contó en un alto de su cotidiana recorrida comercial en el local de juego de su amigo Hugo, donde atesora un par de guantes de los días de actividad pugilística.
Traigan a Maravilla
La foja de servicios de Rojas destaca peleas con siete púgiles que había sido o llegaron luego a ser campeones, entre ellos Julio César Chávez padre, Carlos Manuel Baldomir, Rahiloud Khalid, Juan Martín Coggi, Sergio “Maravilla” Martínez, a quien enfrentó dos veces, Cherife Hacine y ya fuera de reglamento tras una suspensión aplicada por la FAB, con Julio César Vásquez. Hacine y Chávez lo noquearon, el resto -menos con Vásquez, con quien empató- le ganó por puntos.
Aunque reconoce que hace largo tiempo no entrena en forma, afirmó que si se prepara no dudaría en “pegarle a Maravilla como ya lo hice”, más allá que todavía recuerde lo duro que significa soportar el lacerante punteo en la frente aplicado por los puños del actual campeón mundial de los Medianos versión AMB.
El dinero fue y vino pero Rojas no accedió a bolsas importantes y sin sonrojarse, pero a modo de denuncia de la oscura trama que envuelve el submundo del box, admitió que a veces dejó que su rival se quedara con la pelea “por los 600 pesos que me ofrecían y servían para parar la olla en casa”.
Rojas no le cae a los boxeadores que terminó beneficiando con esa actitud cuestionable, pero sí apuntó contra los personajes nefastos enquistados en la actividad.
“Muchas veces pedí en la intendencia apoyo para llevar el box a algún gimnasio en los barrios, pero hasta ahora nunca me dieron respuesta”, subrayó afligido.
Y con esa pena y los recuerdos removidos Rojas vuelve a su labor de busca en las que las bolsas de su realidad son las que vende a buen precio en los barrios pobres