"Fue un golpe duro porque nos quedamos en banda y mi viejo tuvo que empezar a trabajar en la Ford de Córdoba, por lo que nos instalamos en Alta Gracia", señaló Comari a HISTORIAS DE VIDA.
El padre abrió un taller allí y con pleno ADN fierrero, Henzo entró a trabajar en la planta IKA del barrio Santa Isabel, donde en poco tiempo hizo una carrera meteórica.
"Trabajaba en Producción pero me presenté para hacer cosas en el departamento Experimental, donde se hacían proyectos secretos y era el súmun de la fábrica", precisó.
Pero para ser aceptado en una de las pocas vacantes limitadas tuvo que rendir un examen de aptitud que aprobó aun sin tener el secundario, dejando atrás a técnicos e ingenieros.
En meses Henzo era encargado de motores pero no se dejó estar: aprovechó los cursos que daba la fábrica para aprender dibujo lineal y quedarse con el diploma de proyectista de herramientas lo que era vital para poder interpretar los planos.
Asistente de un mago
Llegó a ser asistente de Berta, el mago de Alta Gracia que por aquellos años era jefe de la División Competición de IKA y de la mano de quien entró en el proyecto de los cinco motores Torino preparados para las 84 horas de Nürburgring.
El "elefante blanco", como los medios europeos catalogaban al Torino porque no le daban ninguna chance, dio cátedra en aquella pista y logró una consagración histórica.
"Salió primero en la categoría autos grandes y cuarto en la general" apuntó orgulloso Henzo, que revive apasionado cada minuto de aquella historia que ayudó a escribir hace 44 años con las manos sucias de grasa y el mameluco de mecánico que se niega a colgar para siempre porque lo siente vibrar, como si regulara, toda vez que hay un motor cerca.