Jorge recuerda que esa situación específica tuvo lugar pocos días después que HISTORIAS DE VIDA contara en las páginas del diario, en octubre de 2013, el singular servicio que ofrece al pasajero desprevenido quien, a su vez, suele gratificar el mini recital con un aplauso, un abrazo o lágrimas de emoción que reflejan agradecimiento. Pero con aquel pasajero pasó algo más.
"Al escucharme me dijo que era fabricante de indumentaria masculina, le conté que en el taxi vendía cd's con mis temas con el fin de promocionarme para actuar en eventos y fiestas, y me propuso darme ropa para que le hiciera publicidad a su marca en mis actuaciones", narró Jorge, ataviado para la ocasión con las prendas con que se presenta en sus espectáculos.
El resultado fue que a Jorge lo contrató esa empresa que organiza tours con los turistas extranjeros para haga presentaciones sorpresa en plaza San Martín y a bordo de su taxi. "La gente queda realmente sorprendida y hasta preguntan a media lengua si en Buenos Aires todos los taxistas cantan, como los gondoleros de Venecia", apuntó.
"Le debo mucho a aquella nota que le dio un impulso a algo que siempre soñé y que es vivir de la música", señaló Jorge que tiene una trayectoria interesante como cantante melódico y de tango, al punto que en 1993 ganó en Miami el Festival Indoamericano de la Canción con un tema de su autoría.
Contactos que no prosperaron y oportunidades que se perdieron lo acercaron al taxi tras un peregrinar musical por Perú y Paraguay que desencadenó en la decisión de tentar suerte, a sugerencia de uno de sus hijos, en Ibiza, España, y con el tango.
La salud resquebrajada de sus padres ancianos lo hizo retornar tras diez años de actividad en aquella isla del Mediterráneo y el taxi, en ese caso alquilado, volvió a ser el sustento familiar y a la vez, su escenario ambulante para ir ganando terreno y sumar ingresos con sus cd's y presentaciones en eventos, casi todas contratadas por sus ocasionales pasajeros. Con su trabajo en las calles y en las actuaciones logró comprar un auto y la licencia para trabajar todos los días hasta que se cansa, pero transportando a un promedio de 35 pasajeros por jornada. "Si los junto a todos -aportó entre risas- lleno más de un teatro".
Pero por ahora su teatro tiene cuatro ruedas, es negro y amarillo y permite que los embotellamientos sean más digeribles para el público que lleva en el asiento de atrás e, incluso, para otros automovilistas atascados que escuchan el 'A mi manera' de Jorge que si bien canta dándole la espalda a su público, bien es cierto que le ofrece toda su sensibilidad.