El problema es que cuando después de una época de esplendor que compartió con su marido Horacio Novas llegó la debacle económica, el matrimonio dejó de abonar en el 2000 las expensas comunes del departamento que ocupaban.
Tamara, nacida apenas terminaba la Segunda Guerra Mundial en Baden-Baden, Alemania, pero que cuando tenía meses se afincó junto a sus padres en Ramos Mejía, sabe que la deuda acumulada resulta impagable para ella, salvo que una suerte de moratoria le allane en parte la complicación financiera.
El otro baile
"El tema es que cuando con mi marido enfermo volvimos de Brasil a Argentina, la situación económica se había complicado y hasta me habían rematado el estudio de danzas que tenía en la calle Marcelo T. de Alvear. Así, nos fuimos a vivir a una propiedad que había sido de la madre de Horacio, pero que estaba a nombre de otro hijo de la mujer", relató. El problema fue que el hermano de su marido había fallecido, lo que dio lugar a un pleito para determinar que sobre el inmueble situado en un histórico edificio de Moreno y Salta, también su esposo tenía derechos. El panorama adverso sumó otro elemento oscuro: Horacio, que había perdido la vista por un glaucoma cinco años antes, murió a causa de pólipos vesicales que los médicos que la obra social que lo trataban, subrayó Tamara, "no advirtieron a tiempo".
Hoy, aunque derrama lágrimas cuando evoca las agudas peripecias que debe atravesar, Tamara resurge vivaz al transitar los recuerdos que vienen de sus años de formación en el Teatro Colón con Olga Ferri, Antonio Truyol y Enrique Lommi, o sus actuaciones en el Royal Ballet de Canadá o el Harknes Ballet en Nueva York. Y los comparte con sus palomas, que la rescatan de la soledad como si fueran la representación de dos cisnes que contemplan el grácil y perfecto aleteo de los brazos de la bailarina eterna ante una sala imaginaria, pero repleta que estalla en aplausos.